Este es el día,
cuando las voces en tu mano,
por fin detendrán su llamado,
andando por las mismas calles,
ofreciendo al mundo una sonrisa,
una máscara de tu sufrimiento.
Lo tuyo es respirar
pólvora bajo tus uñas,
contando una y otra vez,
como borregos en tus sueños,
a cuántos habrás matado,
en tus labios,
permanece un sabor
metálico a sangre.
Trataste de sobrevivir,
a una velocidad peligrosa,
parpadeando para evadir
los destellos,
para que la vida no
se te escape,
tratando de ganar cada
una de las interminables batallas,
colocando tu mejor cara,
en el camino de una bala.
Disidentes,
asesinos,
objetos del orden,
aparatos de la represión,
una historia triste de tantas,
el surgimiento que viene
después de la caída.
Arribando del cielo,
la respuesta se dice sola,
piel quemada,
ojos sin orbita,
ahogándote en el aire,
respirando oscuridad,
negando todo lo bueno en
la existencia, dejando atrás,
el último pétalo de inocencia.
Y miras de frente,
el cañón humeante del revólver,
sin mediar palabra,
disparas, mueres y salvas,
volviendo a la vida,
cuando el rodaje termina.

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