Habitación fría,
en el vacío por ocupante,
aire, noche y silencio,
nadie, excepto yo,
ocupando un lugar,
proclamando la belleza en versos
de mis días pasados,
revisitando la poesía, la música,
la misma soledad de siempre,
yo, conmigo mismo,
cuánta banalidad.
Suceden los susurros,
un aliento mordaz,
el sonido intrincado de las palabras,
mostrando imágenes de odio,
desprecio y enrarecida belleza,
¿Pero cómo?
Cuando las sensaciones son fatales,
cuando las predicción anuncia el desastre,
cuando el peligro acecha todos los días,
el odio, la comprensión,
entablando las mismas perdidas,
el sello circunspecto en las páginas...
Eco que se desenreda desde ningún lugar,
cual cuerpo de una serpiente,
como el gélido brazo de no existir,
lo sé, lo he imaginado,
la extraña sensación de miseria,
un dulce aroma,
satisfacción de pobreza, marginación,
satisfacción, la única idea en la cabeza
que parece hueca a las emociones,
orillando la verdad, la mentira, la existencia,
es realidad, deteniéndose...
¿Es probable sobrevivir?
Una vez abandonado,
lamiendo un suelo erosionado,
lo parco y alegre,
dicta la voz cuyos labios nunca paran,
es la voz de un enigma, de un vistazo
a la salvaje imaginación,
pero cuando las luces se apagan,
¿Quién espera de pie?
¿Quién desea ser esa figura sometida al olvido?
Ilustración: Duncan Fregedo

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