Llueve toda la tarde,
en un sueño de invierno,
donde diciembre invierte su brillo,
de sonrisas a un rostro viejo.
Cruza un cuervo con prisa,
este cielo gris,
mirando el mundo como lo hacen
los árboles altos,
sagrada es su voz,
un eco abyacente en el movimiento
del viento,
aliento del que nadie sabe.
Llueve toda la tarde,
sobre el reino de la sombra,
mientras un toro gimotea,
concebimos colores, deseados o no,
una lluvia en país extranjero,
una zarza a punto de arder.
No se detiene el tiempo
y tanta es su vanidad,
susurrando lo imposible,
bajo una reververación extraña,
transformándonos en pétalos
en su mirada demoniaca,
no tiene razón de ser,
mientras palabras vienen y van,
como ruedas de la realidad,
cada color cae donde debe.
Llueve toda la tarde,
mañana no puede ser diferente,
en medio de este verano,
con sabor tan gélido,
indiferente a todo lo que sabemos,
es nada si se compara con el pasado,
no existe ningún futuro,
salvo un dulce aroma mojado.
Llueve toda la tarde,
flechas de luz penetran la mirada,
real o ficticia,
especialmente divina,
llueve bajo las manos,
tras la nuca,
una pluma negra,
de cuando fuimos
el cuervo que se va,
muriendo al ocaso,
a punto de encontrar diferencia,
cuando guiñe su ojo la luna,
todo parecera olvidado.
Beberé cada gota,
hasta localizar la última...
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