viernes, 6 de mayo de 2022

EL COFRE DEL TESORO

 

Durante años busqué
no soltar una sola patada,
única que condujera al fondo
de un abismo sin luz,
dediqué horas de sueño,
momentos oníricos,
el sudor de las experiencias,
para un cofre localizar,
aferrándome a su madera
mientras caía por el borde,
solté una patada,
inevitablemente caí...

Supe que todo cambiaría,
un instante para recordar
flotando a la deriva,
de cualquier río congelado,
o en lo profundo de la memoria,
no supe cuánto dolería,
descender por aquel deseo,
sucumbir antes de vivir,
llenando mis días,
el estupor maligno 
de la impaciencia.

Solté una patada,
el cofre del tesoro se abrió,
cayeron entonces los sonidos,
gritos callados, zumbidos 
como atorados tras un muro,
gris de piedra porosa,
solté la patada,
única, definitoria,
entre el eco de mis soledades,
como un sueño convertido
en realidad mundana.

Muerde el arrepentimiento,
a la deriva en el pantano,
piel, cabello, colmillos y saliva,
cuerpo de nada,
raíces que nacieron torcidas,
resbala por su contorno,
el sudor espeso que huele 
metálico, sangre de las especies
que exhortan el deseo,
mil monedas de oro,
quizá agua fresca,
el limite del precipicio, 
los años perdidos
en busca del vaso
sin fondo...



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