Dame una pista para continuar,
un momento a solas,
para pensar,
imaginando lo que existió
o resulta imposible,
aquí donde nadie vive,
un espacio en blanco
entre palabras.
¿Qué vamos a leer?
Un sueño lúcido en la palma
de tu mano,
un misterio antiguo,
en catacumbas encerrado,
un vuelo nocturno en medio
del cielo, cientos de voces
hablando al mismo tiempo,
mientras las horas se extienden,
los momentos son uno,
el papel siempre corta.
Dime qué pensar,
cómo actuar,
qué decir,
cuál pieza mover,
estos pies ya no responden,
las manos se burlan,
un insulto menos,
el costo de leer a medianoche,
pretendiendo soñar con
otras realidades,
pero siempre es la
misma angustia.
Uno en total,
prisionero del cuerpo,
entidad cósmica y nada más,
lejos de saber qué significan los colores,
se erigen pasiones, todo es igual,
una plaza comercial atestada
con fantasmas, una sensación
desoladora y añoranza fantástica,
un dolor insulso,
es un cuerpo y ya.
¿Cuáles serán las mejores palabras?
Acomodarlas según jerarquía,
acaso son antiguas,
acaso valen menos que un sueño,
por qué nadie respeta ahora
las palabras,
cuando alguna vez,
quemaron los libros,
quemaron todos juntos
la última esperanza.
Nunca olvidamos desaparecer,
darle vuelta a la página,
anticipar el dialogo,
un final cardíaco,
el definitivo suicidio,
escondido antes de concluir,
cien o mil páginas,
la emoción es la misma,
la pregunta permanece,
es un eco que explota
rebotando en las paredes
de tu consciencia,
uno con las páginas,
con las palabras,
eres letra,
la pregunta:
¿Qué vamos a leer?

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