Cuan falto de auténtico techo,
salvo por la vista de mil estrellas,
iluminando los pasos que dejé atrás en el lodo,
en el completo abandono.
Afuera es árido salvo cuando llueve,
a cantaros hasta ahogar la noche,
qué será de los pájaros que duermen,
de su sonido cuando sueñan,
aquel constante silbido,
el incendio en el centro de la ciudad,
el inicio de la revolución.
Me sangra la nariz,
gota tras gota,
cayendo sobre mis manos
como si llorarán,
escribiendo el silencio,
un amanecer incandescente,
escribiendo antes que ría
y mi pecho sangre,
como una boca tras cuatro o cinco golpes,
es un canto,
es melodía y ritmo,
es llave para la inspiración,
la destrucción inevitable.
Cuánto hube olvidado,
bajo el cielo rutilante,
la imagen frente a mis ojos,
Ay, perdición,
los años, el toque, la juventud,
el trino de los pájaros cada noche,
cuando en mis sueños,
una tarántula gris
marca el camino con su paño,
un destino,
la calle silenciosa,
un pasillo deslucido.
Inventando el fin del mundo,
en cada latido del corazón,
miedo y asco,
manifiesto con letra en la oscuridad,
inventando la marcha incontenible,
la protesta que galope de vida en vida.
Y pareciera que estoy solo,
dentro del progreso de la sociedad,
afuera y en medio de la noche,
hay un vacío en mi estómago,
porque el secreto revela su estafa,
no existe revuelta
y no tengo refugio...
para guardar este soplo
que aprieta mi mente,
sofoca toda alegría de vivir
numen volcado descolorido,
sobre una pileta de cristal,
es un sol tardío,
aquello que destruye
y se bebe frío...
Ilustración: "Negative Man" por Richard Case

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