El mundo está compuesto de murmullos,
indiferentes al compás ineludible del universo,
el veneno está en el aire,
frente al espejo,
celebrando los placeres,
la borrosa línea que compone la carne,
pueril visión que siempre y grita,
esta es la tierra que duerme
mientras el sol en silencio espera,
la consagración de los opuestos
con sangre de iguales.
La vida es trasladarse de un lugar a otro,
ahí, donde el crepúsculo dura poco,
el momento instantáneo sin ruido,
cual cansancio en los ojos,
dolor en las manos,
respirando lo que debemos creer,
mirando sin parpadear,
la inmensa boca de la nada.
Sucede lo mismo con la edad,
es destino contrario a un deseo,
incontenible como injusto,
soberbio e irascible,
sacrificando su fragilidad,
uno a uno, de frente a frente,
encontrándote perdido
contigo mismo sin reconocerte.
Y qué dice este mundo
compuesto de murmullos,
es peligroso concebirse humano,
siempre dispuesto a morir,
sin mantener firme su nombre,
único y a prueba de todo.

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