Las plegarias sobreviven al tiempo,
contándose en reversa: los pasos, los dientes,
aquí no vive el silencio,
el cuchillo espera entre los labios,
como testigo, el eco entre los pasillos,
en este verano maldito,
y destella en su pupila un fulgor extraño,
piedras, carne, metal, fuego,
una o mil oraciones vueltas al padre,
somos parte del juego,
suplicando ganar,
destinados a perder,
aquí triunfa el carnicero,
esteril y contando los cuerpos...
Ilustración: Nicola Samori

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