Algo se arrastra,
donde nadie puede ver,
un rayo de luz que consienta calor,
muy pronto a desaparecer.
¿A dónde esperaría ir?
Cruzando el umbral más próximo,
cuando las puertas estén cerradas,
indispuestas a la caridad,
si acaso la vida es un tema recurrente,
si acaso fenecer es la respuesta.
Sin embargo,
un día de estos amanecerá,
cuando el espectro de la voz
rompa con la superficie del cielo,
y éste llore una tormenta,
reflejo de una intención maliciosa,
pronto, algún día,
mis pies me llevarán afuera.
Si hoy es el momento,
esta iluminación se extiende
alrededor de mi ojo,
permanece oscuro
y no quiero preguntar,
¿Alguien esperará todavía?
No hay evidencia o razón,
siguiendo una sombra,
sin nombre, sin forma, sin derecho,
sus pasos son el único sonido.
Tantos los caminos,
ahora significan lo desigual,
instantes perdidos en ojos de lo divino,
cada intervención por el entendimiento,
superior o en descenso,
resultan en sufrimiento.
Un día mis pies sabrán algo más,
algo que yo desconozca,
la historia de un fantasma,
un día de estos, el ocaso será inválido,
refulgente espíritu en colores santos,
o cuerpo, movimiento, sudor, lágrimas,
lo que sea en la vida,
quizá lo indispensable.
Ilustración: "Lonely Ride" por Hans Thomas

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