Estos sueños son acerca del abismo,
dedicados a las intenciones más sombrías,
un corte en la carne, el orgullo secreto,
un beso en labios de la fiebre,
viviendo para retar al destino,
la fe va por delante.
Te vi bailando tras la ventana,
en mis ojos tórridos de vergüenza,
fue mi turno de avanzar,
acercando el fuego del dragón
hasta la planta de tus pies,
la peor de las bestias,
el dormitorio de los indignados.
Y sucede como en las películas,
cuando la visión se decolora,
andando ciegos con el corazón abierto,
y afuera, afuera suena el clamor de las trompetas,
alucinación de nosotros ardiendo,
el cuerpo torneado perfecto,
bailando desnudo frente al ojo
de la noche atrevida,
y qué es lo que dice en susurros
un grito a punto de la extinción.
Dios es testigo,
testificamos sobre la marcha,
los campos son rocíos de la bondad,
con sus fresas goteando,
con sus pétalos a punto del marchito,
con las espinas como astas en la corona,
en medio de la vena.
Tan delgados, tan frágiles al aburrimiento,
arrancando de un tajo la piel que adormece las estrellas,
el poder de los amantes en capricho eterno,
inaugurando un suelo mojado,
lágrimas de nuestro terror,
el mayor logro jamás cometido,
un silencioso arrastre, entre el ruido y los gemidos,
de una ciudad devorada por sus sombras.

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