Medio espacio y porcentaje que impone a la mirada,
con luces fragmentando la respiración,
afuera, afuera donde conociste la virtud de lo material,
es verdad, la alucinación, el encanto, el ruido y su memoria,
un martillo negro cae frente a tus ojos,
golpeando el suelo bajo tus pies,
dime fantasía, si eres cual amor ajeno,
un imposible en abrigo de fantasmas,
cenobita de placeres obscenos, la máscara sonriente
de cuerpo frondoso, femenino, juvenil y arcano,
decorado con laureles dorados, coronas de rubíes y lentejuelas
con la serpiente que se devora a sí misma encima del mar
refulgente encima de la tierra, eres o soy,
una bala hirviendo en el centro de este mundo hostil,
su manera, su intriga y luces que palmean la piel en mi rostro,
un abrazo ríspido a la carne, un viaje sin detenerse,
los informes en papel quemado y ceniza de plata,
respirando bajo un espejo helado,
en el interior de todas las deudas sin presentar,
de aquí para allá con cientos de cables incrustados en el cuerpo,
la cabeza, las manos son extensas y las piernas reducidas,
aquí soñamos con existir en realidad,
o en otro universo parecido,
con manchas por cabellos, colmillos en lugar de compasión,
redactando lo últimos detalles y enviando el pequeño universo
de vuelta por correo, el mensaje es otro y claro:
somos humo y plástico,
somos el beodo aroma de lo que se fue,
conectando el corazón al ojo de la tormenta,
el pecho supura y despertamos girando en el mismo eje,
el mismo sitio, frente a la misma luz
con la cual este mundo nos recibió hace tanto.
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