Tengo un suspiro entre las manos,
un deseo volviéndose realidad,
creyendo que todo es posible,
en esta vida o en la que sigue,
creyendo desafortunadamente,
cuando la noche alcanza su final.
Tantos golpes, tanto por redactar,
lágrimas y ceniza caen a medio consumir,
último rastro de una inspiración fecunda,
el aliento perdido que nada dice ahora,
y muy lento, después largo y rápido,
de la boca no salen palabras,
sólo vividos recuerdos.
Hablar no representan amparo,
una solución para la nostalgia,
es un sol apagado que desciende lento,
un sueño o ralo intento por captar emoción,
chorros de sangre apareciendo entre los dientes,
bajo la lengua, mojando los labios.
Y arriba, en la oscuridad,
una campana callada pertenece al desvío,
de corazones y cuerpos en impío retrato,
retrato de la muerte y su beso,
una voz etérea sin motivos,
descendiendo con alas de fiambre,
en un hilo muy delgado,
sangre caliente con sabor a derrota.
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