lunes, 9 de octubre de 2023

EL SIMIO DORADO

 

No hay voces que a sí mismas se escuchen
o mejillas rojas que otra piel deseen,
porque un beso pasa lejos de ser el cielo,
convirtiéndose en una noche sin estrellas,
encontrando la razón de ser,
la verdad última de la existencia total,
su simio dorado.

Tan cerca de Dios, ahora,
tierra ajena de entendimiento o pupilas,
el corazón mismo de la ambrosía,
cayendo de un torrente a otro
cuando se abre la carne,
y ese es el horror más vivo,
el fuego que surge de un sueño,
por debajo de los párpados
y su poder sacro.

Apostando la montura,
de brazos abiertos,
y de sus alas, consumidas por el sol,
sacrificándose para ganar,
el acto de amor definitivo, 
oculto de la vista y para siempre,
el simio dorado,
en los círculos de polvo.

Y nos queda,
la carne y sonido rompiéndose,
tras el ardor misterioso del vino,
un vapor de distintos hedores, 
esencia que nombra el olvido,
la realidad u otra cosa,
cuando aun es posible transformarse,
el primer día fuera de la tumba,
el sueño continúa,
derribando la estera de cada luz,
derribando el lecho que permite renacer.


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