Este es el cielo en la tierra,
un instante equipara la eternidad,
en gloria de su delicado toque,
las esencias, el gusto, su tacto y sentimiento,
enarbolando los recuerdos del pasado,
aquí y ahora,
bajo las luces de un cielo de noche,
volviéndose el centro del universo.
Puede ser una calle sin nombre,
sentados fuera de un café de luces tenues,
esta noche sucede en el paraíso,
con su brisa ligera y aroma lavanda,
el mejor de los tiempos es ahora,
cerró el ocaso sus párpados,
tenemos este lapso en nuestras manos,
observando el mundo romperse en mil pedazos.
Y cada una de las luces es pequeña y cálida,
la mesa está servida, deshaciendo esta sociedad de cabeza,
convirtiendo la solución definitiva en arma filosa,
a pesar el cruce de los autos, de la gente que anda a oscuras,
nuestras voces realizan un monumento que
supera perpetuamente el silencio,
chocamos las tazas,
miramos desde abajo la estatura de los edificios,
miramos nuevamente el cielo grisáceo,
por ahora,
es un para siempre.
Lo mejor de mi juventud regresa,
viva de nuevo,
tú y yo fuera del caos que traen las marejadas,
este el mejor de los tiempos,
cada vez que veo el círculo que reluce en tus ojos,
un latido que se dispersa como lluvia caliente,
tenemos mucho por disfrutar,
esta noche en el paraíso,
disfrutando la belleza, los segundos petrificados,
un momento intocable de vida eterna,
lo mejor de mi juventud está vivo,
vivo de nuevo.
A pesar de cuanto nos aferremos al deseo,
toda bondad aparta su mirada,
compasiones y dichas conocen final,
y sólo quiero tomar tu mano,
soñando una vida perfecta a tu lado,
antes que amanezca y otra promesa nos alcance,
antes que esta noche concluya como todas,
muriendo para vivir una existencia nublada,
creyendo que es el peor tiempo,
que nada maravilloso existe,
compartamos lo que tenemos,
aquí y ahora,
esta noche en el paraíso,
antes que su despedida nos alcance.
Ilustración: Dean Cornwell