Aquí, un reflejo en el agua,
con la forma de tu cara,
de la oscuridad que compone tu cuerpo,
un píldora nada más,
recuerdo impostado de saludable felicidad.
Sé cuánto te decepciona el mundo,
un secreto a viva voz,
la tuya o mía, nuestra,
respirando bajo el agua,
la estera que vibra con nuestro roce,
el calor inoportuno que calcina la emoción,
el mayor arrebato,
la exquisita maldición.
Mira directo a la pupila,
cuando el silencio domina y nada importa,
afuera llueve, esperando jamás llegue la mañana,
si la luna nos permite,
soñemos con el deseo de mantenernos
vacíos mil años más.
Y esta promesa vale oro,
aun cuando su sabor resulte amargo y roto,
escurriendo por tus labios a mitad de la noche,
a placer derramada en un cuenco fantasma,
la visión colosal de un transcurso sensual
a través de las montañas de tu efigie.
Abraza tu reflejo en el agua,
declara todo lo perdido,
diatribas que duelen sin excepción,
anochece demasiado pronto,
aquí, donde cada burbuja eclipsa
la luna en cada emanación,
a galope pringoso por el sendero
de las horas sin nombre.
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