Qué es,
lo que muerde mi cuello,
y sigue los pasos que deje ayer en el pavimento,
qué es,
la fina sensación de miseria,
qué es,
este deseo que ningún sabor tiene.
Me explota en el pecho,
el peor de los momentos,
chocan planetas frente a mis ojos,
este cuerpo arde y no anda a hurtadillas,
grita desde lo más hondo,
tan inerte, en medio del sueño,
quiero caos, quiero el desorden,
este corazón lentamente se derrite,
debería saberse sano,
pero nunca más,
hoy, el ruido es motivo,
vocación y sustento.
Más que un capricho,
vivir en el eco es acción anímica,
creyendo siempre por delante,
en el transcurso de la mente hacia otras direcciones,
le falta nombre a esta pesadilla,
recurrente con sonidos y colores fatuos,
inmersos en la orilla, a un paso del abismo,
en mirada ajena que devuelve un lamento,
algo espiritual que todavía no sucede,
la necesidad irrefrenable de vivir,
de comerse a puños este mundo.
Y termina como un susurro,
masticándose en la noche,
sin motivo desaparece,
cuando nadie más lo oye.

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