Sufres por un porvenir sincero,
el agujero en la tierra,
tan profundo como arde en el pecho,
el breve sonido de la condena,
cualquier cosa es mejor
que saberse atrapado en un destino.
Viviendo remoto,
en un planeta congelado,
tal vez lo merecemos,
tantas oportunidades,
tanta estúpidez,
de polo a polo,
a tus ojos se abre el infierno.
Es casi medianoche,
en la conciencia de este mundo,
paridos a razón de un martirio,
de palabras que sobran,
de motivos que son ahora,
sangre filtrada en el suelo.
A estos ojos que guardan silencio,
carentes de vestigio de luz,
campos extensos de helada hierba,
y al aroma no podría ser otro,
soledad en el aire,
muerte para todos y cada uno alrededor.
Peor es invisible a los gritos,
tras comprar un alma pura y nueva,
desaparecida de un pasado sin dolor,
de un futuro sin dibujarse, quizá,
cuando la rabia es el odio contra lo que diga
el día a punto de suceder.
Convendría escapar,
a una nueva ciudad,
a un mar diferente,
a un contienente sin nombre,
a un planeta que no le tema,
a su resplandor último,
a esta hambre devorándose
así misma,
vámonos a un mundo
sin más racimos,
en cada hueso de los caídos.
Ilustración: "Don Quijote con la muerte" por Theodor Baierl
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