sábado, 16 de noviembre de 2024

VIAJE DE LA MUERTE

 

De aquí a ningún sitio,
siguiente parada,
un océano, un desierto,
más allá de lo que permita
cualquier frontera,
divagante bajo el sol,
sin nombre ni destino.

Acomoda las flores,
no dejes de mirar las estrellas,
alguien dejó sus lágrimas,
a lo largo del camino,
la encrucijada entre la carne y el hueso,
alguien dejó atrás su sangre y tripas.

Y después de todo, 
la noche es polvo bajo la lengua,
un temblor repentino sin consecuencias,
destello nauseabundo encima de los párpados,
un aullido de lobos,
sobreviviendo a pesar de la resaca en este mundo,
cuando su hogar es en las sombras.

Nada parece real,
nada es posible,
tras el estallido de planetas,
cuando chocan las galaxias,
sucedió todo en un sueño,
tropezando con las esquirlas que 
dejó la luna al morir,
y resistí como pude, 
someterme un solo camino,
sangrando gota a gota,
de aquí a ninguna parte.

Nos miramos a la cara,
enfrentando un espejo,
medianoche en la esquina,
el viento fue punzocortante,
tanto polvo entre los labios,
palabras más.

Al amanecer,
nos reconocimos extraños,
rivales, hermanos, enemigos,
con una última oportunidad para triunfar,
volviéndo al nido, a la cuna,
sin respirar bajo la corona del sol,
un viaje de la muerte,
sin respirar, con el pecado entre los ojos,
y tan solitario andar.

Sufriendo por cada instante,
el encierro discreto a estos
pasillos de la medianoche,
una visión, la misma repitiéndose,
el cansancio, los ánimos rotos,
mi viaje de la muerte,
muy arriba o muy abajo,
en la tierra plana de horrores,
yendo sin marcar destino,
sólo el solitario andar.



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