Me estuve riendo,
concentrado en un sueño,
la tierra donde todavía conozco felicidad,
afuera cae nieve negra,
lo contrario a la razón,
conocida y aún por conocer,
dentro de lo que digo cuerpo, mente y espíritu.
Encontré en el trayecto,
pedazos de un espejo roto,
vi en su reflejo todo el sol que hube perdido,
y supe quien lo quebró a discreción,
no podría ser otro sino yo,
fastuosa sombra que inunda con palabras,
intentos de anhelo y envidiosa virtud.
Cuán pendenciero hay que ser,
para colmar la vida con arbitrariedad,
cayendo como la lluvia,
sin gozo ni ilusión,
andando con el rumbo perdido,
y me sobran dedos,
para contar aun las alegrías,
este es el único destino,
cruel, será alguna opinión.
Espero una bocanada para sangrar,
de la tristeza que de pronto ahoga,
una tregua duradera cobrar,
libre a cualquier tentación,
el triunfo de la carne ante el prójimo,
la mosca existiendo a raíz de un hombre,
tantita pena antes de morir.
Armé de regreso la vida,
mía en carne y progreso,
en el centro de este paraíso soñado,
bajo toneladas de tierra gris,
apenas un dejo de luz cayó directo a mi,
sentí como la luna miraba sin
prestar atención,
hubo una estampida de gritos,
y ningún mapa fue mi llave de salida.
Qué podría hacer
si nunca logro despertar de esta ficción,
del círculo que guarda con llave sus respuestas,
amanece y la pesadilla continua,
de mi boca supura sangre amarilla,
estas manos son instrumentos,
oxidados, punzocortantes,
y por más que huya del cáncer,
es una promesa que todavía se arrastra,
porque es de mi médula un grito,
si alguna vez me reí muy fuerte,
hace cuánto no disfruto
de hacerlo en esta realidad.
Cuán negativo puede ser,
este espacio de música sorda,
al punto de tanto insistir en desaparecer,
ay, de milagros por seguir si la noche
accede a contagiarme con sus secretos,
quién especula sino yo,
atrapado en jaula de oro y sonrisas,
qué pasa, quién llama,
si la hora no es la indicada,
si acaso, la voz es otra,
si soñar es el mayor peligro,
en mis fantasías,
cuánto sofoco hay que aguantar.
Y tras la puerta,
estoy mirando,
tan quieto y soñando,
inerte sobre la cama mojada,
la voz es la misma,
es momento,
imbécil,
todo lo que tengas que decir
te comerá vivo,
despierta ya,
dice la voz, porque es la misma,
me alegra que ya no estés vivo.
Ilustración: "El corazón delator" por Virgil Finlay

No hay comentarios.:
Publicar un comentario