Bebiendo a favor de la suerte,
ocultando la cabeza,
hay un mundo muy hermoso
allá afuera y es un sueño,
faro de todas las sensaciones,
de batallar tanto en la vida.
Nada en lo que crees es verdad,
salvo el deseo, la antorcha,
una estaca clavada en el corazón,
desangrándolo en un loco impulso
por borrar todo con un soplo,
aún después que la voz ya no sirva.
Bebiendo una taza diaria de café,
para las amarguras,
humo de cigarro ajeno,
una promesa que no se dice,
a favor de la salud mental,
un último trago delicatessen.
Apostaría todo,
incluso la vida,
por este mundo de descomunal belleza,
pertenecer a sus días en un rocío de lluvia,
en un reflejo de mortecina luz,
brotando quizá entre el pasto seco,
algo que no sea materia vana.
Ojalá fuese sencillo testificar,
lejos de los muros que
siempre se derrumban,
intentando no perder la cabeza,
panóptico de la continua desgracia,
se van los dientes,
se muere la lengua,
las palabras fueron erróneas,
no queda mucho por salvar.
Aquí termina,
en donde consagraron los ángeles
su caída crepuscular,
quiebre de todas las intenciones,
así se decreta,
así se rompe con todo,
creando ilusiones de la ceniza,
especulando cada posible destino,
yendo para abajo,
con todo el peso quemado.
Ilustración: Zdzisław Beksiński

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