Nada afuera es real,
mi cabeza es una fortaleza,
rodando lejos de quien soy,
cualquiera de estos días.
Grita fuerte,
no puedo encontrarte,
cuán mortal es andar a ciegas,
sin ningún rumbo por perseguir,
tratando simplemente de vivir.
Qué hay entonces en tu cabeza,
aquel ruido que te regalé,
sangre y grasa por cosechar,
andando a tientas,
una y otra vez,
con un pie en la orilla.
Aquí despiertas y los días son iguales,
un embrujo, una pesadilla,
a cada rato se nubla,
paralizados en el espejo,
con la cabeza a punto de caer.
Grita fuerte,
aunque sea de vergüenza,
cuán mortal es correr a oscuras,
sin latidos que amparen tu vida,
tratando de no perder.
Contemplando lo falso,
abaratando lo cierto,
si las imágenes y la lluvia es la misma,
esconderse cuesta nada,
sin cabeza ni intenciones,
estos días,
sólo la voz
siempre
va
a
morir
(se).
Ilustración: "Personificación del amor celestial" por Hieronymus Wierix

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