sábado, 25 de octubre de 2025

LA HORA SANTA

 

Aquí están,
arribando por el camino terroso,
bajo un sol de voces sin nombre,
ruegos y entrelazadas manos,
nada bueno que dure para siempre,
es el momento,
la vergüenza. 

De todas las noches,
este viernes es arenoso,
apareciendo bajo una luna de horrores,
con este coro de voces que llega
a mis oídos sin temor,
frágiles cual cristal sin precio,
procesión de un sólo cuerpo.

Hora santa,
hora azul,
crece tras el ocaso y quiebra la carne,
toque celeste,
punzante y ensoñada,
cubre con tu velo de bruma,
nuestros latidos en silencio.

Ahora, el llanto es creíble,
rezando entre el ardor de estrellas,
tan lejanas, desprendidas de atención,
es su estela helada,
una triste promesa de salvación,
yéndonos sin rumbo en este andar,
de pie y despojados 
de ansiedad o venganza.

Llegaron a esta verdad,
después de tantas horas,
arrastrar los pies, el alma, el otro,
anticipando en los huesos su declive,
uno a uno tras desaparecer,
acercan los labios,
recitando poemas hasta
que su corazón 
ya no pueda derretirse.

Y saben del tesoro,
golpeando su rostro,
motivos los hay, 
bebiendo para olvidar,
con fuego y polvo,
arropo para mi voz,
fantasma, penumbra, desvelo,
no puedo distinguir el amanecer,
este andar entre las espinas,
asfixia que hiere el corazón.

Sólo una semana,
la visión de tumbas y rayos
que lavan esta pobre tierra,
observando de lejos,
la verdad de esta hora santa,
a punto de desvanecernos,
porque fue tanto el tiempo,
que soñé en la oscuridad.



Ilustración: "Venganza" por Adrian Aubry

viernes, 24 de octubre de 2025

ESPERANDO EN LA PIEL

 

Hablo a través de un sueño,
sin miedo, abierto, sincero,
como si en cada momento,
pretendiese abrazar un cuerpo
que se transforma a plena luz,
brotando como un manantial
sobre la tierra.

De qué sirve el derecho a nacer,
si cada oferta de luminosa alegría,
se transforma en llanto,
cuál es el sentido
de esperar en la piel un nuevo día,
si el sol se marcha ofuscado,
tras la carpa de un mundo
más muerto que vivo.

Tomo por el cuello este reflejo,
imitando el sentido de las manecillas
en cualquier reloj, de los segundos preciosos
que lento se extinguen, de las horas
que pronto se queman,
tomo de las manos la imagen en reversa,
ahogando las preguntas,
el aire en mis pulmones,
cada pensamiento que se oscurece,
ahora, queda poco,
poco y adrede.

Sobrevivimos al ocaso,
de un día de tantos,
en un cuerpo mirando la ventana,
afuera o adentro, es la misma sensación,
de flores brillantes creciendo,
de voces que dicen lo mismo,
y una luz mancha todo de repente,
qué será de estos huesos,
de los labios en silencio, 
de las pupilas que se apagan,
el aire va en dirección contraria,
dejando esta piel que se hace vieja,
al achecho de la eterna resurrección. 



Ilustración: "No ser reproducido" por René Magritte

domingo, 19 de octubre de 2025

ÉRASE UNA VEZ

 

Tan cerca de la victoria,
la vida fue una bella promesa,
pero los días no se cuentan con indulgencia,
y tan fácil es desear morirse,
aparentar felicidad quizá,
cerca de lamentar existir.

Palidecen las palabras ante los hechos,
acciones que derivan en malestar,
la tragedia puede o no aparecer,
un precio justo por respirar con fuerza,
de no mitigar el hambre,
el mundo es un bocado inmenso,
un mordisco basta,
para terminar derrotado.
Vacío.



Ilustración: "El gato negro" por John Coulthart

ESPERANDO EN LA MENTE

 

Qué hice,
con las noches que me prometí,
condenadas a un sueño infértil, 
tirando por la borda 
cada intención de triunfo,
enloquecido deseo por devorar
este mundo y alrededores,
de felicidad más allá de morder,
todos los días, 
la mano que alimenta.

Qué hago,
en este momento,
cuando busco sin encontrar,
en este mundo despojado de color,
con el corazón muerto en las manos,
en ofrenda tardía,
sin nombre, sin vocación,
sin encontrarme fuera de 
dichos egoístas,
sin saber la comodidad 
de ir alegre y complacido
con la vida tal cual es.

Qué haré,
sino esperar en la mente,
con los ojos donde el cielo
es uno con los mares y la tierra,
mi aliento es veneno,
quema, lacera, es navaja,
fragmentada imaginación, 
en un deseo de carne y hueso,
un brillo sucio,
una estrella negra,
un hilito de sangre,
descendiendo.



Ilustración: "Stańczyk" por Jan Matejko

sábado, 18 de octubre de 2025

SEMANAS

 

Semanas, eso dura este ardor,
de eso trata esta emoción,
cuando la piel se deja devorar por la noche,
llegan sigilosas aquellas voces,
provenientes de nunca jamás,
apariciones que suelen matar.

Así tiritan las manos,
rendidas ante la suerte de un ojo,
y bailan estos pies sin control,
andando por un camino amarillo
de empedrado y brillo sucio,
su calor durará semanas.

El tiempo sobra en apariencia,
pero se deshace en lágrimas frías,
así como las monedas,
no alcanzan las palabras,
es tanto el dolor,
contándose con los dedos, 
es el mañana una promesa,
absurda imaginar,
imposible de aguantar. 



Ilustración: "Un templo en el ocaso" por Eduard Büchler

martes, 14 de octubre de 2025

PÉNDULO

 

Cuál es el precio del tiempo,
alguien puede decirme,
anticipando la furia de un 
cielo recubierto con acero,
el número preciso,
para soñar con la inocencia
que me arrebataron,
sin motivo y que alguna vez,
yo vendí.

Qué late en este corazón,
sino el abandono frío,
un resplandor que pronto
su sonrisa apagará,
el mundo está vacío,
puedo verlo desaparecer,
puedo sentirlo morir.

Desciende el péndulo,
midiendo los pasos,
los suspiros vueltos al aire,
donde las voces son una,
con el aroma de las tarde sin lluvia,
y el pasado, inmediato o distante,
es carbón quemándose,
y el futuro escrito en la mano,
un rincón oscuro sin nombre.

Díganme, estrellas,
cuál es el precio de su portento,
arrastren un poco más los minutos,
para que las noches perduren,
quiero vivir para siempre
en mis cómodos sueños,
su sabor es dulce,
su toque primoroso,
pero es verdad,
he esperado tanto,
esperado en la piel,
en la mente, 
en silencio,
y me ha dolido tanto,
tanto.

Corazón,
eres llamarada salvaje,
sosteniendo la nostalgia 
de una vida devorada por el tiempo,
no conozco su precio,
salvo por los últimos rayos del día,
descienden tras una ola gigante,
bajo un océano de quietud,
de lo que nunca como humanos,
sospechamos siquiera.

Porque lo desconocido,
un lustre blanco,
igual permite la vida,
y se ocupa de apagarla.



Ilustración: "Magdalena penitente" por Francesco Lupicini

ESPERANDO EN SILENCIO

 

¿Quién dijo,
  si el día es el mismo,
  despiertas en la misma
  inútil cabeza,
  esperando en silencio,
  otro intento más?

Porqué de la cuchilla caliente,
un sueño en mil,
cortándome la lengua,
traté de investigar la verdad,
pero fui el único puerco
llevado al matadero.

Nada queda por recordar,
un viaje sobre el sonido caliente,
tras una explosión en el centro del planeta,
el momento cuando todo cambio,
nada se pudo hacer,
nada que durase,
salvo esperar en silencio,
despojado de la carne,
con ruido en la mente,
esperando.

Solo.



Ilustración de "El Cuervo" por James Wiliam Carling

domingo, 12 de octubre de 2025

EL FANTASMA DE UNA RATA

 

Bajo el guante,
tirita la mano,
cuando sus ojos no funcionan,
mil bebés nacen tras un resplandor,
su piel se expande,
en rabietas de un cuerpo,
un cuerpo gigante,
la razón de las pesadillas,
eso, bramándole a la luna.

Es el destino un placer incierto,
un mar de monótonas voces,
tragadas por el miedo,
en un mundo sin luz ni fe,
derrumbado en toneladas de polvo,
y el fantasma de una rata,
suma sacerdotisa de este páramo 
que no ubica el perdón.

La visión es esta,
al cerrar los párpados de cansancio,
sin poderes que reanimen a los muertos,
qué será entonces, 
de los bebés viviendo bajo el suelo,
desciende la lluvia parda,
reflujo de miserias,
ya nadie es libre o feliz,
es la vida otra ciudad perdida,
frágil como el cristal de la noche.

La mente colectiva escupe al cielo
para recibir lo que venga de vuelta,
es la parte sustancial de un cuerpo
sin rostro, pronto a ser degollado,
cortado y frío en miles,
un goteo de mentones, pezones,
es gente flotando en otro espacio,
el grito helado en sus ojos,
órbita vulgar donde gira la carne,
piensa en esto,
cuando te despojes del guante.

Qué es de la vida,
tras un chasquido que da y quita,
el mismo sueño entre los dedos,
cabezas sin esperanza, sin otro remedio,
derivando su estancia entre los rayos del día,
un hueco sin fin afuera en la ventana,
el fantasma de una rata,
suprema gobernante de este páramo
que nunca poseyó una voz.



Ilustración: "La visión de Hamlet" por Pedro Américo

LA CONFRONTACIÓN

 

Despertamos para sobrevivir la noche,
entre la neblina del campo florido,
de nuestros cuerpos en fusión de hueso y carne,
hierven su sangre a pesar el frío,
soltando lágrimas que gritan el pecado,
se congelan, arden, gimen y se saborean.

Después de todo,
¿No es violencia el acto de amar sin ataduras?
La penumbra a esta hija que nace
y gobierna para sí misma,
después de todo,
no es sino imaginación y voz incontrolable,
todo el arrebato que nos decimos, 
cuando el tálamo queda en cenizas.

Acusándonos entre risas y dedos,
de todo el mal que hicimos,
imaginamos un martes roto,
y pensamos en morir hace tanto,
despojados de pasión,
mirándonos los labios, las pestañas,
un pacto al estrechar las manos,
así saltamos de la orilla del mundo,
retorciéndonos bajo la castidad 
de éstas sábanas.

Soñamos con guardar el día,
un infierno de muertos sin cabeza,
nuestra piel es el pergamino,
y la tinta, gota tras gota de sangre,
desalojemos tu vestido largo, 
dorado con flores azules,
mi pantalón de corte recto, 
ajustado hasta la nariz,
así lo dictan los labios,
en un fin de semana apartados,
este mundo jamás lo sabrá.


Ilustración: "Nosferatu el vampiro" por Bill Sienkiewicz

LUNES POR LA NOCHE

 

Se derritió la ciudad bajo la lluvia,
en mis sueños nació otro día,
hizo calor, mis dientes tiritaron,
miré por la ventana,
un mundo animado sin líneas,
afuera, farmacéuticos quemaron la bandera,
revolví las palabras en la sopa.

Y se me terminó el tiempo.

Esta noche, hubo luna de octubre,
saludando en la voz del aire,
a veces sonreía, otras nunca,
noté mi joroba a través del suéter,
era verde, espeso y olía mal,
cayó una tromba,
no me dijo su nombre.

Esperé en silencio y en la piel,
un ángel cantaba alrededor de mi cuarto,
al entrar rompió la ventana,
no contrató ningún servicio,
cayó el primer grano de arena,
y ninguna intención de pago suya.

Jamás sentí más aburrimiento,
llovió muy fuerte, muy frío,
recordé mi liquidación treinta años antes,
cuando otros fueron jóvenes,
el suelo fue de concreto,
y no algodón mojado,
es la edad que ahora cargo.

Ilusiones nada más,
navegando en la ola de luz cenicienta,
es lunes por la noche,
jugamos, bailamos, cenamos, 
vivimos una película,
quitándonos el sombrero a continuación,
el origen de la siguiente batalla.

Un surco pálido atravesando el corazón.


Ilustración: "La recámara embrujada" por John Butler Yeats