Cuál es el precio del tiempo,
alguien puede decirme,
anticipando la furia de un
cielo recubierto con acero,
el número preciso,
para soñar con la inocencia
que me arrebataron,
sin motivo y que alguna vez,
yo vendí.
Qué late en este corazón,
sino el abandono frío,
un resplandor que pronto
su sonrisa apagará,
el mundo está vacío,
puedo verlo desaparecer,
puedo sentirlo morir.
Desciende el péndulo,
midiendo los pasos,
los suspiros vueltos al aire,
donde las voces son una,
con el aroma de las tarde sin lluvia,
y el pasado, inmediato o distante,
es carbón quemándose,
y el futuro escrito en la mano,
un rincón oscuro sin nombre.
Díganme, estrellas,
cuál es el precio de su portento,
arrastren un poco más los minutos,
para que las noches perduren,
quiero vivir para siempre
en mis cómodos sueños,
su sabor es dulce,
su toque primoroso,
pero es verdad,
he esperado tanto,
esperado en la piel,
en la mente,
en silencio,
y me ha dolido tanto,
tanto.
Corazón,
eres llamarada salvaje,
sosteniendo la nostalgia
de una vida devorada por el tiempo,
no conozco su precio,
salvo por los últimos rayos del día,
descienden tras una ola gigante,
bajo un océano de quietud,
de lo que nunca como humanos,
sospechamos siquiera.

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