Despertamos para sobrevivir la noche,
entre la neblina del campo florido,
de nuestros cuerpos en fusión de hueso y carne,
hierven su sangre a pesar el frío,
soltando lágrimas que gritan el pecado,
se congelan, arden, gimen y se saborean.
Después de todo,
¿No es violencia el acto de amar sin ataduras?
La penumbra a esta hija que nace
y gobierna para sí misma,
después de todo,
no es sino imaginación y voz incontrolable,
todo el arrebato que nos decimos,
cuando el tálamo queda en cenizas.
Acusándonos entre risas y dedos,
de todo el mal que hicimos,
imaginamos un martes roto,
y pensamos en morir hace tanto,
despojados de pasión,
mirándonos los labios, las pestañas,
un pacto al estrechar las manos,
así saltamos de la orilla del mundo,
retorciéndonos bajo la castidad
de éstas sábanas.
Soñamos con guardar el día,
un infierno de muertos sin cabeza,
nuestra piel es el pergamino,
y la tinta, gota tras gota de sangre,
desalojemos tu vestido largo,
dorado con flores azules,
mi pantalón de corte recto,
ajustado hasta la nariz,
así lo dictan los labios,
en un fin de semana apartados,
este mundo jamás lo sabrá.
Ilustración: "Nosferatu el vampiro" por Bill Sienkiewicz

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