Llegó a mi vida,
el sueño de un día negro,
cayendo ominoso,
frente a mis parpados,
deviniendo en un secreto,
llegó a mi vida,
en total oscuridad.
Caí de cabeza,
viciado por tanto transitar,
cuántas noches en vela,
acariciando la piel de la amargura.
Caí de cabeza,
andando a tientas,
tiritando sin control,
cambiar no es opción,
precipitando el final,
tan fácil en un suspiro.
El peso sobre la mano,
a ciegas sobre arena,
tanto es el calor, tanta la sensación,
inconforme hasta perderse,
a fuerza de una mentira,
perdiendo el alma,
perdiendo la memoria.
Caí de cabeza,
fue mi destino,
a pesar de los años,
una compañía incierta,
ahogado por la incertidumbre,
tan fácil es cortar el cordón.
Caí de cabeza,
otra vez, lloré,
abrirás mis ojos
cuando ya no esté,
quizá encuentres
lo que no parece,
quizá encuentres
lo que nunca imaginaste.
Caí de cabeza,
fue mi destino,
a pesar de los años,
una compañía incierta,
ahogado por la incertidumbre,
tan fácil es cortar el cordón.
Caí de cabeza,
otra vez, lloré,
abrirás mis ojos
cuando ya no esté,
quizá encuentres
lo que no parece,
quizá encuentres
lo que nunca imaginaste.
Ilustración: "Orfeo" por Émile Delobre









