martes, 25 de agosto de 2020

FINGIR MI MUERTE


Regresar, regresar,
quiero regresar a 
las letras escritas a mano,
a los días cuando 
la imaginación era tan
fecunda como la ambrosía, 
donde los límites no existían,
donde la hoja de papel 
y mis manos,
eran el mismo filo.

Cuando muchacho,
una emoción rompió mi pecho,
llegada en días nublados,
inicié mis andanzas, 
hoy, son meros recuerdos 
que desaparecen,
sentimientos que 
lentamente se ahogan.

Irrumpió en mi vida,
el primer amor,
la poesía, 
y con ímpetu, 
profesé su gloria,
todos los días. 

Recuperé mi alma,
de un mundo engreído,
hablando noches
enteras con la musa,
sus palabras fueron 
como el agua de una cascada,
aquella fue mi época dorada.

Quise creer en la ilusión,
de un futuro mejor,
y después,
la emoción por vivir,
se borró.

Nada pude sentir.

Estoy agradecido,
porque ahora,
justicia haré a mi tiempo,
como diez años se fueron
en un soplido del viento,
el verdadero futuro llegó, 
arrastrando mis ánimos
por todo el suelo. 

El mundo parece fragmentado,
escondiendo de la luz
inimaginables misterios,
mi angustia sonríe,
cada vez que despierto,
y permanece de pie,
en el espejo.

Y cada día,
con un resplandor amanece,
concibiendo pavor y pensamientos,
tras la carne en mi cara.

Transpirar miedo,
resulta fácil,
de hacer y decir, 
dedicando el movimiento 
de mis extremidades,
al sueño incubado de 
mis órganos en la sombra...

...a la idea solitaria de la muerte.

Escribir con la luz apagada,
es recibir el castigo y 
caricias de una sombra,
ser juzgado en presencia
del alma omnipresente
del mundo,
en un juicio de lágrimas.

¡Ay, de la vida!
de su velo juvenil,
deseando permanezca intacto a la vejez,
convirtiéndose en retrato de un grito sin voz.

Y durante estos días,
tan próximos de lluvia,
que proclaman su aliento frío,
he soñado,
con mi propia degradación,
lenta, torturando mi espíritu,
porque hoy,
me falla la imaginación,
se derrite como si fuese la 
carne en mi abdomen, 
mis ojos explotan y muero.

La inspiración me abandona. 

Y sigo soñando,
con perderme en algún misterio,
que sea real y peligroso,
igual a una conspiración,
donde la vida se reproduzca 
así misma, 
en una serie fotográfica,
en un destello desconocido,
auspiciado por la poesía,
encaminando los pasos,
las miradas, 
mis absurdos manoteos,
hacia el ominoso desfiladero 
de los peores secretos.

Y hoy, 
quiero regresar,
regresar a mis intentos,
por escribir la obra que revele,
la tortura de mi identidad,
imaginando el espacio negro,
tan amplio y callado,
tal como la 
narración que ansío,

En este mundo,
ahí estoy,
perdido,
asustado.

Paralizado.

Mis ojos,
testigos de la somnolencia,
así evado la verdad,
trazándose en líneas
paralelas que brillan en mis sueños, 
porque soy victima de la sobriedad.

Y quiero saber, 
si mis recuerdos ya no lo son,
se rompen al pestañear,
caen sobre mis manos,
piezas de un rompecabezas,
sin conclusión,
sin figuras, 
sin colores.

Mis palabras son ceniza que 
todavía no se apaga,
incluso mientras duermo,
mis labios se queman,
mi cuerpo queda
reducido a despojos
que todavía me duelen.

Mis sueños,
son violentos conmigo,
espejismo de mis deseos,
una casa de apuestas bien 
iluminada,
donde pierdo todo y logro nada,
suspiro, suspiro,
por una nueva caricia 
de la imaginación,
y sólo quiero,
que mi cuerpo sea 
su transporte,
mi dedo la pluma,
y mi sangre la tinta...

Mi mente un nido
para su concepción.

Si pudiese regresar el tiempo,
para reconocer de frente 
al muchacho que fui,
en deseo de mi consciencia,
me diría:

Adiós muchacho,
en alguno de los días
que vendrán para ti,
voy a fingir mi muerte.


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