En la hondura de un cristal,
respiré lo que nunca supuse,
terminé el trago en copa rota,
para sumergirme afuera,
en el espacio donde todos sueñan,
Arrastré las palabras por mi lengua,
Confundí los caminos frente a mi,
Y deseé más que nunca,
Al instante reviví,
Hoy, sólo quiero
En medio de la noche,
el eco dictó las horas,
Pero quizá la edad me despertó,
en el espacio donde todos sueñan,
encontrando ligereza
en mi cuerpo y mente.
en mi cuerpo y mente.
Vi los colores,
negociando mi reputación,
negociando mi reputación,
era mi yo real,
o la fantasía de un loco,
que se suponía humano
y jamás una mosca.
Arrastré las palabras por mi lengua,
terminé de masticarlas,
hasta que perdieron su sabor,
cada una me condenó a la horca,
hasta que perdieron su sabor,
cada una me condenó a la horca,
a girar en un limbo gris y ciego,
a perpetuidad y silencio.
Confundí los caminos frente a mi,
hubo uno con luz que terminaba
sobre un cauce oscuro,
otro, que prometía infinito tesoro,
donde el ímpetu de la juventud
nunca terminaría.
Y deseé más que nunca,
beber directo de la verdad,
criticar todas la piezas
de una rígida sociedad,
deseé la desnudes,
de un cuerpo ajeno,
su calor,
tocar su piel tersa,
confrontando el
resplandor del sol,
para mirarla más explicita,
más transparente,
en mi cuerpo,
en el espacio,
en este mundo,
de mi carne.
Elegí el camino
de ese ímpetu irrefrenable,
vivir como nunca antes,
pero la broma fue para mi,
como el guiño de un ojo
como el guiño de un ojo
que se disuelve en el centro del sol,
e irremediablemente,
quedé ciego.
Al instante reviví,
y en un largo exhalar
que fue un grito apagado,
una tarde de esas cuando el mundo
podía mirarse completo en una azotea,
me pareció escuchar cómo el cielo
también respiraba,
y recordé que los días de la semana
duraban un año completo,
y recordé que los días de la semana
duraban un año completo,
los sábados prometían
tandas de sacrificio, sexo
tandas de sacrificio, sexo
y abandono espiritual,
y los domingos,
eran sagrarios silenciosos
para honrar la resurrección.
y los domingos,
eran sagrarios silenciosos
para honrar la resurrección.
Hoy, sólo quiero
recostarme sobre el pasto
de un jardín,
atarme a un árbol,
aferrarme a las palabras,
pero a veces,
éstas significan tan poco,
una voluntad condenada a la nada.
En medio de la noche,
el eco dictó las horas,
juzgando sin conocer motivos,
y arde en la garganta con bebidas
que se posesionan de la piel,
de voces que dictan largamente,
tras la luz de luciérnagas que vuelan bajo,
deambulando en la oscuridad,
en la voz del aire frío,
como veleros perdidos
en la tormenta.
en la tormenta.
Y confieso,
están mis sueños,
actuales y sin provecho,
revelados por la pluma,
impresos sobre una hoja blanca.
revelados por la pluma,
impresos sobre una hoja blanca.
Pero quizá la edad me despertó,
corriendo para escapar de la juventud,
caí en su trampa,
caí en su trampa,
porque no existe ningún "despertar"
salvo por ahogarse en alguna pesadilla,
y este mundo insiste en comportarse
como alimento para las fieras,
pero éstas son imbéciles.
como alimento para las fieras,
pero éstas son imbéciles.
Cuando miro atrás,
la culpa es mía,
ninguna iluminación llegó,
una vida perfecta en promesas,
en las mentiras que tanto conté,
a nombre de mis semejantes,
sirviendo sin pensar,
sin sentir nada,
y soy yo,
mi propio castigo.
Nunca quise ser yo,
mi propio castigo.
Nunca quise ser yo,
el día cuando fallaron mis letras,
idílico fin de mi pasión,
el pago de mi necedad,
conocí entonces la máxima de una oscuridad,
mirar la vida como un festejo inmoral.
Quiero que mi alma escuche,
comprenda y se vaya,
no deseé perder,
nunca quise ser yo,
y me queda esperar,
el sonido de las aguas
cuando arrastren,
sólo escuché,
muy cerca:
por favor,
"no te mueras"
***
Caminé hacia ninguna parte,
nunca triunfé en la vida,
salvo por morder la mano
nunca triunfé en la vida,
salvo por morder la mano
de la libertad,
y yo,
sentado en la orilla del mundo,
y yo,
sentado en la orilla del mundo,
vi mi último día.
Ilustración: "La muerte de Lucano" por José Garnelo

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