martes, 18 de agosto de 2020

ALGO SE PERDIÓ EN MIS OJOS


Este fue un poema
escrito en martes,
divagando en la oscuridad,
conteniendo mi vida,
en cada letra.

He conformado palabras,
como visto, pájaros volando
en el cielo despejado,
extendiendo su alas 
y tocando con sus plumas,
el peso de mis parpados.

No desearía olvidar,
un cambio rápido de manos,
cuando el ocaso se vuelve negro
y las estrellas despiertan,
no tengo necesidad por explicar,
algo se perdió en mis ojos.

Y pensando todavía,
creo haber sufrido una eternidad,
cuando mi nombre fue otro,
poseyendo una sombra,
agitándose al soplar el viento,
terminé quemando mi piel 
en una hoguera.

Resucité en la calle,
tras una ventana,
practicando las vocales,
hasta cortarme la lengua con
los dientes,
miré y la piel en mis manos
estaba envejecida, 
subí un monte,
donde mi cuerpo fue débil,
y mis deseos anhelaron la catástrofe. 

Imaginé un libro,
cada página tenía nombre de mujer,
escribí sobre cada una,
un pensamiento distinto,
una cacería sin meta,
una experiencia a corazón abierto,
vertido en un sueño negro.

Utilicé tinta que fue sangre,
caminando por calles 
donde el crimen aflora,
mirándome a lo lejos,
como un anciano que espera
la muerte llegar,
comí ambrosía y de la vid, bebí,
y con un golpe repentino,
una flecha envuelta con fuego
me partió el corazón.

Mi cuerpo fue silencio,
donde la oscuridad es cálida, 
afuera, el sol está dormido,
y mis palabras necean,
sobre una rueda que gira,
derritiéndose sobre el
camino sin retorno,
son nombre y prestigio,
corbatas y tinta,
el alma de un cordero,
pronunciando genocidio
en el templo de los infames.

Caí donde todos los árboles se queman,
caí desde sus copas hasta
el fondo de la mía,
cuestionando, 
todo lo que la vida
me permitió saber...

Para defender el lenguaje,
supliqué al cielo,
una oportunidad,
de resguardar mi cadáver,
de las carcajadas,
fue larga la noche,
caí, 
permitiendo un alfiler,
incrustarse en mi pecho.


***

En mis pesadilla,
lloran cachorros
el abandono de sus niños,
es una carnicería,
despierto
y afuera llueve,
mis ojos nunca
estuvieron tan vivos.

Y continuo escribiendo,
disolviendo mis lágrimas
a perpetuidad,
absorbiendo miedos,
como una esponja el agua,
convirtiéndolo en vino,
a salud de este poema.

Quizá mis huesos,
sean de piedra,
mis órganos, 
un hedor insufrible,
soy vampiro de saliva,
cayendo como una lágrima seca,
como un pensamiento 
en brazos del olvido,
soy alegría que retoza  
en la suavidad del aire.

Esconderé mi cabeza,
en algún rincón,
cochambroso, sucio,
de este mundo bello,
es mi razón para
escribir poesía,
mi cruz de oro para cargar,
un camino de soberbia y espinas,
expiación y una serpiente devorándose,
el ominoso acertijo del alma
por fin resuelto...

La llama,
sedienta de agua bendita.

Aquí estoy,
armando la última pieza,
de un rompecabezas,
mi nombre y rostro,
y sobre este,
el sabor de un beso,
con ambos pies descalzos,
dependiente de mis sueños,
caminando por la ruta
de flores húmedas,
y entonces supe,
otra razón para enfrentar
las noches de lluvia...

Contuve todo el ruido 
en el mundo,
en este poema,

liberado en mis palabras
todo el ruido en el mundo...

se perdió en mis ojos.



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