Perdí la cabeza,
en aspiraciones que olvidé,
mi esperanza en el futuro,
nunca reflejó lo que esperaba.
Respiré hondo,
masticando sesos de mono,
bebí directo del cuello de borregos,
respiré hondo,
invertí mi dinero en los
números de la mágica
bolsa sin fondo...
Fui el asesino de mi hermano...
Dije, adiós,
bebí directo del cuello de borregos,
respiré hondo,
invertí mi dinero en los
números de la mágica
bolsa sin fondo...
Fui el asesino de mi hermano...
Dije, adiós,
despidiéndome con un beso,
llené mi panza con pétalos,
para soñar con sus flores,
en un mundo donde
el sol reina siempre,
desperté y dije, adiós,
atraganté palabras
quebrando los vasos,
mis venas sonrieron,
llené mi panza con pétalos,
para soñar con sus flores,
en un mundo donde
el sol reina siempre,
desperté y dije, adiós,
atraganté palabras
quebrando los vasos,
mis venas sonrieron,
me sentí curado...
Quizá volvamos a encontrarnos,
caminando por diferente lado,
sobre el sendero de un parque,
bebiéndonos el aliento,
desde lejos,
surcando encima de las nubes,
sin caernos,
quizá estemos alucinando,
no tendré más remedio,
salvo creer lo que no deseo.
Dormí lo que me tocaba,
cobrando precio por el miedo,
afuera, donde respirar es delito,
mis manos chocaron las
Quizá volvamos a encontrarnos,
caminando por diferente lado,
sobre el sendero de un parque,
bebiéndonos el aliento,
desde lejos,
surcando encima de las nubes,
sin caernos,
quizá estemos alucinando,
no tendré más remedio,
salvo creer lo que no deseo.
Dormí lo que me tocaba,
cobrando precio por el miedo,
afuera, donde respirar es delito,
mis manos chocaron las
copas como autos sin conductor,
estrellándose en el parabrisas.
Nunca deseé sintonizar estas voces,
no son sueños,
no son oraciones,
sino afrentas directas de la medianoche,
consagrando sin luz mi cerebro,
estrellándose en el parabrisas.
Nunca deseé sintonizar estas voces,
no son sueños,
no son oraciones,
sino afrentas directas de la medianoche,
consagrando sin luz mi cerebro,
festejando la libertad...
me fui al amanecer y no volví.
En mi defensa,
pasé buenos momentos,
escritos en una carta,
donde mis palabras sustituyeron
el sonido, pero no la voz,
el sonido, pero no la voz,
brinqué desde mi propia cabeza,
no esperando morir,
sino mantenerme sincero,
paseando por lo recuerdos,
cuando llovía sobre las calles,
cuando llovía sobre las calles,
con aroma y color,
porque mi defensa,
fue azotar fuerte
al caer,
mi defensa,
fue nunca tenerla.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario