domingo, 14 de junio de 2020

BERBERIS


                                                                          segunda parte de la trilogía
                                                                          del hada verde.


Encontraste tus minutos de fama,
regresando en el tiempo,
cuando en 1990
disparaste un revólver.

Organizando un viaje espacial,
sólo para ti,
como un breve descanso,
fue mi voz en tu cabeza.

Describiste mi vida,
a partir del ruido,
mirando la ventana
en cada amanecer,
con tus ojos poseídos,
escuché tus dedos
oprimir las teclas,
bebimos del café cargado,
humeante,
un trampolín afuera,
cargado por el viento,
en algún lugar,
en algún momento,
preguntaste al borde, 
en la carne de mi oído:

¿Recuerdas? 

¿Dónde estuviste?

¿Quién eres?

Una fantasía bajo el calor del verano...

Cuando los reflectores cesaron,
en tu casa sólo hubo lágrimas,
aunando la oscuridad de tu cuarto,
ceniza sobre las sábanas,
di lo que gustes,
fueron regadas por las calles,
abandonadas en ninguna parte.

Escribiste un poema largo,
cuando el humo se disipó,
levitando alrededor de mi cabeza,
ya no reconozco tu nombre.

¿Recuerdas?

Haber soñado con los planetas,
sometida en tus geniales ideas,
colocaste categóricamente las palabras,
aplastando mi cara en el pavimento,
besé tus suelas,
y despertaste.

¿Recuerdas?

Confesaste tu crimen cuando dormías,
un planeta rojo con anillos que giraban,
una luna blanca abarcando tu rostro,
mientras el mundo callaba,
silencioso como una rata,
apuntaste el revólver,
cargado con tu imaginación,
disparaste...

¿Lo mataste?

Sí.

Y todos mis pensamientos
te los dedico,
aún hoy,
cuando es clara la noche y
estos edificios altos parecen saludar
por siempre y jamás dormir,
todos mis pensamientos
te los dedico,
escribiendo a pesar del ruido,
escribiendo en tanto
el silencio besabas,
escribiendo durante siete segundos,
escribiendo a partir de una idea,
escribiendo desesperadamente,
escribiendo sobre un papel fino,
confeccionado con cáñamo,
con todos mis pensamientos...


***


¿Dónde estuviste?

A punto de comenzar una hoguera,
para quemar la angustia en tus manos,
como el frío eterno,
aquel que sucede en el espacio,
un chantaje emocional,
de frente al espejo,
es ceguera para el alma,
girando alrededor del planeta,
chocando otra vez contra el suelo,
calcinando tus cartas en la hoguera.


¿Quién eres?

No lo sé,
un eco en mi garganta,
cientos de promesas que realicé,
flores grises en un jardín de piedra,
un suspiro que solté anoche,
escapando de nuevo hacia el futuro,
salvaje y determinada,
ahora no sé,
salvo por los poemas que redactaste,
a través de mis manos inquietas
y mi corazón que humeaba.

Preguntaste:

¿Cómo puedo regresar el tiempo?

Ayer quemaste el sol,
en tus dientes de diamante,
quedé ciego por mirar directo,
susurré en tu oído,
pero tus labios no se movieron,
disparaste el revólver,
creo que morí.

¿Cómo puedo olvidar y nunca más 
 mi júbilo sancionar?

Dediqué minutos intensos,
muy duro fue para mi,
perder otra vez la oportunidad,
incluso soñando esta vida,
nunca semejará una película
que te guste,
aun en los apuntes,
tus letras suelen volar,
y regresaste del futuro,
donde ya no existo,
jamás lo mencionaste,
algo más se quema,
mis gritos,
se queman
mis gritos,
desde hace tanto...



Ilustración: Jeff Lemire 

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