viernes, 12 de junio de 2020

LOS GATOS EN EL PUENTE


Vimos la calle bajar,
juntándose pavimento y nubes,
mi amigo y yo,
un día de verano,
sin demasiado calor,
mirando una larga distancia,
no teníamos motivación,
no necesitábamos problemas,
teníamos dieciséis.

Este cuerpo no respondió,
andando entre letras e ilusiones,
creyendo en días de un futuro mejor,
antes de cubrir con basura las calles,
mirando esa larga distancia,
ambos ojos desubicados,
bebiéndonos una marejada en el aire,
escribiendo poemas sobre
las paredes de nadie.

Bajo toda esa luz,
en nuestras pupilas,
azul cielo,
barrotes de un puente,
cruzaron los autos
como manada de bestias,
leímos un versículo,
la Biblia tuvo respuesta,
a nuestro pecado,
vivir como estúpidos,
ser joven es nadar en un río
de confusiones.

Mi amigo y yo,
imaginamos el paraíso,
plantando los pies en la tierra,
descubrimos un parque
donde el sol se ocultaba,
fumando de la imaginación,
extrajimos un tesoro de los arbustos,
andando por ahí,
divagando aventuras,
Discutiendo con las aves,
mencionando el nombre de
cuatro o cinco princesas
de carne y hueso,
miramos bajo su escote,
no paramos de reír.

Vagando de aquí para allá,
transporte público,
calles desiguales,
el sudor no fue igual,
brindamos con palabras,
quiero recordar aquel día,
por siempre,
de faenas locas,
primera de tantas,
antes de amanecer a la vida,
siendo todavía muchachos.

Quiero que recuerdes, amigo,
la distancia en tu pupila,
perdiendo juntos el tiempo en el puente,
recitando versos mortales,
volando en palpitaciones,
amigo, quiero recuerdes,
aquel día fue de verano,
atorados en la mente,
un sueño,
un delirio intenso,
pasa cuando tienes dieciséis,
despiertas a la vida,
y todo se vuelve una
tuerca que gira al revés.

Asomados en el puente,
mirando la distancia,
el verano murió muy lento
ese día...


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