sábado, 13 de junio de 2020

LA MUERTE ENMASCARADA


Albor de la noche y el día,
ojos que atestiguan
el amanecer rojizo,
en ciudad de los condenados,
papiros viejos donde
escrita fue la devastación,
un guardián semi-dios,
vano es su cuerpo delicado,
cuerpo concebido desde la tumba,
dedicando sus versos al
resplandor del alba.

Abraza la sombra de los tiempos,
paralizado, de pie en la hoguera,
llamarada color del féretro,
es anhelo, es pasión,
fuente de la vida,
ahí, donde beben los parias,
escúchame y no voltees,
habrán ocurrido los años,
en tu rostro de monarca mutilado,
declarando una cortina
de polvo, ceniza y sangre,
el azote los pueblos.

Es la muerte enmascarada,
peón en el movimiento de
planetas negros,
puntos suspendidos,
es la muerte,
una corona de oro,
es la muerte,
esta carne que disfraza
la soledad de mis huesos.

Habremos sufrido,
una tortura con fuego,
cuando los dioses abrieron sus bocas
y plenitud boreal concedieron,
estela guía de sus fauces,
estuve ahí,
sumiso de la oscuridad,
tumbado por la ceguera,
soñando con los
vampiros de la pirámide,
sus labios blancos,
vistiéndose con carmín.

En fingida dicha,
descansaremos en paz,
soñando con faenas,
cualquier noche de estas,
descansaremos en paz,
abrazando la muerte blanca.


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