viernes, 28 de agosto de 2020

ECM


En la hondura de un cristal,
respiré lo que nunca supuse,
terminé el trago en copa rota,
para sumergirme afuera,
en el espacio donde todos sueñan,
encontrando ligereza
en mi cuerpo y mente.

Vi los colores,
negociando mi reputación,
era mi yo real,
o la fantasía de un loco,
que se suponía humano
y jamás una mosca.

Arrastré las palabras por mi lengua, 
terminé de masticarlas, 
hasta que perdieron su sabor,
cada una me condenó a la horca,
a girar en un limbo gris y ciego,
a perpetuidad y silencio.

Confundí los caminos frente a mi, 
hubo uno con luz que terminaba
sobre un cauce oscuro,
otro, que prometía infinito tesoro,
donde el ímpetu de la juventud 
nunca terminaría.

Y deseé más que nunca,
beber directo de la verdad,
criticar todas la piezas
de una rígida sociedad, 
deseé la desnudes,
de un cuerpo ajeno,
su calor,
tocar su piel tersa, 
confrontando el 
resplandor del sol,
para mirarla más explicita, 
más transparente,
en mi cuerpo,
en el espacio,
en este mundo,
de mi carne.

Elegí el camino
de ese ímpetu irrefrenable,
vivir como nunca antes,
pero la broma fue para mi,
como el guiño de un ojo
que se disuelve en el centro del sol,
e irremediablemente,
quedé ciego.

 Al instante reviví,
y en un largo exhalar 
que fue un grito apagado,
una tarde de esas cuando el mundo
podía mirarse completo en una azotea,
me pareció escuchar cómo el cielo
también respiraba,
y recordé que los días de la semana
duraban un año completo,
los sábados prometían
tandas de sacrificio, sexo
y abandono espiritual, 
y los domingos,
eran sagrarios silenciosos
para honrar la resurrección.

Hoy, sólo quiero 
recostarme sobre el pasto
de un jardín, 
atarme a un árbol,
aferrarme a las palabras,
pero a veces,
éstas significan tan poco, 
una voluntad condenada a la nada.

En medio de la noche,
el eco dictó las horas,
juzgando sin conocer motivos,
y arde en la garganta con bebidas
que se posesionan de la piel, 
de voces que dictan largamente,
tras la luz de luciérnagas que vuelan bajo,
deambulando en la oscuridad,
en la voz del aire frío,
como veleros perdidos
en la tormenta.

Y confieso, 
están mis sueños,
actuales y sin provecho,
revelados por la pluma,
impresos sobre una hoja blanca.

Pero quizá la edad me despertó,
corriendo para escapar de la juventud,
caí en su trampa,
porque no existe ningún "despertar"
salvo por ahogarse en alguna pesadilla,
y este mundo insiste en comportarse
como alimento para las fieras,
pero éstas son imbéciles.

Cuando miro atrás,
la culpa es mía,
ninguna iluminación llegó,
una vida perfecta en promesas,
en las mentiras que tanto conté,
a nombre de mis semejantes,
sirviendo sin pensar, 
sin sentir nada,
y soy yo,
mi propio castigo.

Nunca quise ser yo,
el día cuando fallaron mis letras,
idílico fin de mi pasión,
el pago de mi necedad,
conocí entonces la máxima de una oscuridad,
mirar la vida como un festejo inmoral.

Quiero que mi alma escuche,
comprenda y se vaya,
no deseé perder,
nunca quise ser yo,
y me queda esperar,
el sonido de las aguas
cuando arrastren,
sólo escuché,
muy cerca:

por favor,


"no te mueras"


***

Caminé hacia ninguna parte,
nunca triunfé en la vida,
salvo por morder la mano
de la libertad,
y yo,
sentado en la orilla del mundo,
vi mi último día. 




Ilustración: "La muerte de Lucano" por José Garnelo

jueves, 27 de agosto de 2020

LA CARRERA DE LAS CUCARACHAS


Vamos corriendo,
como locos por comida,
somo una raza desconocida,
entre nosotros,
nuestras patas,
nuestras bocas,
esta noche
se queman.

Sobrevivimos al miedo,
tenemos el estómago lleno,
resuena una voz en lo alto,
es la evolución llamando.

Allá van,
nuestros rostros iguales,
no podremos regresar,
este día,
termina la carnicería.

Sobrevivimos al juego,
tocemos al hablar,
corran, 
corran,
inmundos bichos,
enlatados,
listos para comer.

Una carrera por la vida,
estamos vacíos,
despertando,
diminutos,
bajo el suelo,
respirando a la contra
de este mundo,
bajo el suelo,
continuamos soñando.

Y entonces,
todos quieren tener la razón,
dicen que este mundo es lo peor,
creen conocer una solución,
todos chocando sus cabezas,
y la verdad es,
apenas y
conocen su nombre.

Aquí vamos,
escapando de la bota,
y aquí vamos,
con el corazón en la garganta,
vamos, 
con la esperanza rota,
y con las bombas listas,
aquí viene el futuro.

Escupiendo en un grito,
gloria o muerte,
bebiendo el aliento libertino
de poetas hace tiempo enterrados,
porque amar la vida
es un esfuerzo vano,
mirar de frente el sol,
designa pose y destino.

Y sobrevivimos el juego,
donde todos ganamos algo,
pisándonos la cabeza,
mordiéndonos las manos,
celebrado nuestro día,
cayendo juntos,
enfermos sobre una cama.



miércoles, 26 de agosto de 2020

DISIDENTE


Soy un animal,
soñando con ser rey,
de todos los cielos grises,
soñando con ser príncipe,
de la naturaleza muerta,
soy lo que temes
y por eso muestras 
los colmillos.

¿Cuál es la diferencia 
 entre tú y yo?

Di mi nombre,
soy la disidencia,
cursando el segundo año,
tras las rejas de la carne,
viviendo tus sueños,
soñando con tu vida.

Voy a la contra,
en este mundo,
de su color 
y aliento,
dame un suspiro,
dame tus brazos.

Voy detrás,
de tus pasos,
esperando la colisión,
con el cuchillo para
decapitar borregos,
voy tras tu mirada,
ese momento compasivo
en tu corazón.

Dios lanzó los dados,
inventando el tiempo,
acomodando piezas
en el tablero,
regalándonos un suspiro.

Dame un momento,
para fantasear,
somos hermanos,
hermanas, 
lo que sea para
llevar la misma sangre,
dame tus ojos
para mirar el cielo,
abre tu boca,
yo te daré mis dientes.

De todas las noches
frente al calor de una hoguera,
cuando mi rostro
fue de animal,
cuando tus manos
fueron invisibles como el aire,
nuestra juventud vivimos
a través de los recuerdos,
fui tu esclavo,
un tiempo muerto,
y soñamos con quemarnos,
cruzar nuestros pies sobre
tierra mojada.

Hoy, creo estar enamorado,
de esta vida,
de este anhelo que se rompe.

Escapar del cuerpo,
fue retar lo designado,
fui capaz de morder tu mano,
emparejar tu mirada con la mía,
moverme tal como lo harías,
dejé la disidencia atrás.

Hoy, somos un cuerpo,
mismo nombre y color,
somos la unidad,
compartiendo un
sueño bajo las venas.

Si además,
no bastara la sangre,
compartimos las
mismas palabras,
el mismo don,
tras el ardor de la hoguera,
donde el fuego se
vuelve ceniza,
nuestro último trago
fue de tu cuello,
grita fuerte en mi boca...

¡Es mi sangre!

¡Es mi sangre!

¡Mi sangre!

Déjame ser...




Ilustración: El Cuervo por Gustave Doré 

martes, 25 de agosto de 2020

FINGIR MI MUERTE


Regresar, regresar,
quiero regresar a 
las letras escritas a mano,
a los días cuando 
la imaginación era tan
fecunda como la ambrosía, 
donde los límites no existían,
donde la hoja de papel 
y mis manos,
eran el mismo filo.

Cuando muchacho,
una emoción rompió mi pecho,
llegada en días nublados,
inicié mis andanzas, 
hoy, son meros recuerdos 
que desaparecen,
sentimientos que 
lentamente se ahogan.

Irrumpió en mi vida,
el primer amor,
la poesía, 
y con ímpetu, 
profesé su gloria,
todos los días. 

Recuperé mi alma,
de un mundo engreído,
hablando noches
enteras con la musa,
sus palabras fueron 
como el agua de una cascada,
aquella fue mi época dorada.

Quise creer en la ilusión,
de un futuro mejor,
y después,
la emoción por vivir,
se borró.

Nada pude sentir.

Estoy agradecido,
porque ahora,
justicia haré a mi tiempo,
como diez años se fueron
en un soplido del viento,
el verdadero futuro llegó, 
arrastrando mis ánimos
por todo el suelo. 

El mundo parece fragmentado,
escondiendo de la luz
inimaginables misterios,
mi angustia sonríe,
cada vez que despierto,
y permanece de pie,
en el espejo.

Y cada día,
con un resplandor amanece,
concibiendo pavor y pensamientos,
tras la carne en mi cara.

Transpirar miedo,
resulta fácil,
de hacer y decir, 
dedicando el movimiento 
de mis extremidades,
al sueño incubado de 
mis órganos en la sombra...

...a la idea solitaria de la muerte.

Escribir con la luz apagada,
es recibir el castigo y 
caricias de una sombra,
ser juzgado en presencia
del alma omnipresente
del mundo,
en un juicio de lágrimas.

¡Ay, de la vida!
de su velo juvenil,
deseando permanezca intacto a la vejez,
convirtiéndose en retrato de un grito sin voz.

Y durante estos días,
tan próximos de lluvia,
que proclaman su aliento frío,
he soñado,
con mi propia degradación,
lenta, torturando mi espíritu,
porque hoy,
me falla la imaginación,
se derrite como si fuese la 
carne en mi abdomen, 
mis ojos explotan y muero.

La inspiración me abandona. 

Y sigo soñando,
con perderme en algún misterio,
que sea real y peligroso,
igual a una conspiración,
donde la vida se reproduzca 
así misma, 
en una serie fotográfica,
en un destello desconocido,
auspiciado por la poesía,
encaminando los pasos,
las miradas, 
mis absurdos manoteos,
hacia el ominoso desfiladero 
de los peores secretos.

Y hoy, 
quiero regresar,
regresar a mis intentos,
por escribir la obra que revele,
la tortura de mi identidad,
imaginando el espacio negro,
tan amplio y callado,
tal como la 
narración que ansío,

En este mundo,
ahí estoy,
perdido,
asustado.

Paralizado.

Mis ojos,
testigos de la somnolencia,
así evado la verdad,
trazándose en líneas
paralelas que brillan en mis sueños, 
porque soy victima de la sobriedad.

Y quiero saber, 
si mis recuerdos ya no lo son,
se rompen al pestañear,
caen sobre mis manos,
piezas de un rompecabezas,
sin conclusión,
sin figuras, 
sin colores.

Mis palabras son ceniza que 
todavía no se apaga,
incluso mientras duermo,
mis labios se queman,
mi cuerpo queda
reducido a despojos
que todavía me duelen.

Mis sueños,
son violentos conmigo,
espejismo de mis deseos,
una casa de apuestas bien 
iluminada,
donde pierdo todo y logro nada,
suspiro, suspiro,
por una nueva caricia 
de la imaginación,
y sólo quiero,
que mi cuerpo sea 
su transporte,
mi dedo la pluma,
y mi sangre la tinta...

Mi mente un nido
para su concepción.

Si pudiese regresar el tiempo,
para reconocer de frente 
al muchacho que fui,
en deseo de mi consciencia,
me diría:

Adiós muchacho,
en alguno de los días
que vendrán para ti,
voy a fingir mi muerte.


miércoles, 19 de agosto de 2020

HIBRIS


Sabor del vino,
un alma encerrada,
sirviéndose de 
la cera que arde,
moldeando un corazón,
decantándose a través 
de un latido,
convertido en rumor
del eco.

Sordo,
es el nombre del silencio, 
Ciego,
es el rostro del amor,
Mudo,
es el latido de mi corazón.

Hibris,
cómplices al guiñar un ojo,  
me rindo a mis deseos,
algo se quema,
me rindo a lo que quiero,
en esta vida, 
en este mundo,
algo se quema,
dentro de mi.

Y no es otra cosa,
que estos sentimientos,
chocando de frente,
matándose.

El tiempo dicta cosas
que nunca contemplas,
cruzando por delante de
tus ojos,
sin detenerse,
no puedes,
no puedes parar.

Tuyo es el cuerpo,
tras el ocaso,
con tu nombre
marcado sobre la arena,
un halo repentino,
delinea tu caída.

He desperdiciado el tiempo,
observando la sombra
de tus lágrimas empapar 
el suelo,
respirando tu aliento
como su fuese el aire
que necesito,
hoy, somos transparentes,
somos una voz que se 
pierde con las palabras,
y tal como estas,
desaparecemos. 

Canté el fin del mundo,
en mi cabeza,
por siete días,
mirando las estrellas caer,
esperando mantener
mi esencia cardinal,
por siete días,
permanecí expiando 
la culpa capital.

No diré si fue crimen,
las cortadas aun sangran,
siendo el espacio,
extensión de la carne,
donde el tiempo dicta,
el tiempo manda,
ahora...

Sin encontrar mi camino,

voy a través de un 

desierto en la luna.



Ilustración: La caída de Ícaro, por Jacob Peter Gowy

martes, 18 de agosto de 2020

ALGO SE PERDIÓ EN MIS OJOS


Este fue un poema
escrito en martes,
divagando en la oscuridad,
conteniendo mi vida,
en cada letra.

He conformado palabras,
como visto, pájaros volando
en el cielo despejado,
extendiendo su alas 
y tocando con sus plumas,
el peso de mis parpados.

No desearía olvidar,
un cambio rápido de manos,
cuando el ocaso se vuelve negro
y las estrellas despiertan,
no tengo necesidad por explicar,
algo se perdió en mis ojos.

Y pensando todavía,
creo haber sufrido una eternidad,
cuando mi nombre fue otro,
poseyendo una sombra,
agitándose al soplar el viento,
terminé quemando mi piel 
en una hoguera.

Resucité en la calle,
tras una ventana,
practicando las vocales,
hasta cortarme la lengua con
los dientes,
miré y la piel en mis manos
estaba envejecida, 
subí un monte,
donde mi cuerpo fue débil,
y mis deseos anhelaron la catástrofe. 

Imaginé un libro,
cada página tenía nombre de mujer,
escribí sobre cada una,
un pensamiento distinto,
una cacería sin meta,
una experiencia a corazón abierto,
vertido en un sueño negro.

Utilicé tinta que fue sangre,
caminando por calles 
donde el crimen aflora,
mirándome a lo lejos,
como un anciano que espera
la muerte llegar,
comí ambrosía y de la vid, bebí,
y con un golpe repentino,
una flecha envuelta con fuego
me partió el corazón.

Mi cuerpo fue silencio,
donde la oscuridad es cálida, 
afuera, el sol está dormido,
y mis palabras necean,
sobre una rueda que gira,
derritiéndose sobre el
camino sin retorno,
son nombre y prestigio,
corbatas y tinta,
el alma de un cordero,
pronunciando genocidio
en el templo de los infames.

Caí donde todos los árboles se queman,
caí desde sus copas hasta
el fondo de la mía,
cuestionando, 
todo lo que la vida
me permitió saber...

Para defender el lenguaje,
supliqué al cielo,
una oportunidad,
de resguardar mi cadáver,
de las carcajadas,
fue larga la noche,
caí, 
permitiendo un alfiler,
incrustarse en mi pecho.


***

En mis pesadilla,
lloran cachorros
el abandono de sus niños,
es una carnicería,
despierto
y afuera llueve,
mis ojos nunca
estuvieron tan vivos.

Y continuo escribiendo,
disolviendo mis lágrimas
a perpetuidad,
absorbiendo miedos,
como una esponja el agua,
convirtiéndolo en vino,
a salud de este poema.

Quizá mis huesos,
sean de piedra,
mis órganos, 
un hedor insufrible,
soy vampiro de saliva,
cayendo como una lágrima seca,
como un pensamiento 
en brazos del olvido,
soy alegría que retoza  
en la suavidad del aire.

Esconderé mi cabeza,
en algún rincón,
cochambroso, sucio,
de este mundo bello,
es mi razón para
escribir poesía,
mi cruz de oro para cargar,
un camino de soberbia y espinas,
expiación y una serpiente devorándose,
el ominoso acertijo del alma
por fin resuelto...

La llama,
sedienta de agua bendita.

Aquí estoy,
armando la última pieza,
de un rompecabezas,
mi nombre y rostro,
y sobre este,
el sabor de un beso,
con ambos pies descalzos,
dependiente de mis sueños,
caminando por la ruta
de flores húmedas,
y entonces supe,
otra razón para enfrentar
las noches de lluvia...

Contuve todo el ruido 
en el mundo,
en este poema,

liberado en mis palabras
todo el ruido en el mundo...

se perdió en mis ojos.



lunes, 17 de agosto de 2020

EN LOS HOMBROS DE ATLAS


Descontando el tiempo,
no en el rostro de manecillas,
sino con mis dedos,
tirando migajas de arena,
desde la ventana en mis sueños,
nada puede ser igual...

Quiero que mis palabras,
guarden el sabor de la nostalgia,
quiero mis palabras,
impresas en papel,
quiero se vuelvan ceniza,
escritas con mi propia mano,
llenando una bolsa con deseos,
tal vez de aquí me caiga,
con la mirada puesta sobre la nada.

Mis dedos tiene agujas,
enterradas en sus puntas,
orar es fácil,
con ambos ojos en blanco,
resbalando la lengua
sobre un cuero negro,
cuando el alba alcance,
estos sueños románticos 
habrán muerto.





viernes, 7 de agosto de 2020

MÁSCARA NEGRA


Oh, frío abismo,
mirándote desde un punto alto,
tus ojos que son los míos,
se sumergen en el fondo.

En mi boca,
la lengua de Babel señala,
cuatro diferentes caminos,
desembocando en cause perdido,
mi poesía.

Es mi rostro,
un vacío sin voz,
es desahuciada carne,
donde el silencio es hondo,
salvo por mi cuerpo,
es oro incrustado en los muros,
y estos son mi rostro,
la máscara negra de los átomos...

Desafortunado destino
en la creación,
ser humano.

Mis dedos son velas,
quemándose lento,
dando pasos ciegos,
delante en la oscuridad,
recorre el frío
cada poro en mi piel,
alucinando el día,
sea mañana o ninguno,
donde el sol es rojo,
y mis huellas, 
se pierden con la noche.

Desaparecen... 

Máscara negra,
abrazas mis anhelos,
una pesadilla que se
dibuja en el cielo,
en la eternidad,
bailando con las sombras.

Ay, de todos los placeres,
vertidos sobre la carne,
cuando sonríes, 
y cortas tu lengua,
sangrando frente al espejo,
exquisito dolor.


jueves, 6 de agosto de 2020

MI DEFENSA (LA CONJURA)


Perdí la cabeza,
en aspiraciones que olvidé,
mi esperanza en el futuro,
nunca reflejó lo que esperaba.

Respiré hondo,
masticando sesos de mono,
bebí directo del cuello de borregos,
respiré hondo,
invertí mi dinero en los
números de la mágica
bolsa sin fondo...

Fui el asesino de mi hermano...

Dije, adiós,
despidiéndome con un beso,
llené mi panza con pétalos,
para soñar con sus flores,
en un mundo donde
el sol reina siempre,
desperté y dije, adiós,
atraganté palabras
quebrando los vasos,
mis venas sonrieron,
me sentí curado...

Quizá volvamos a encontrarnos,
caminando por diferente lado,
sobre el sendero de un parque,
bebiéndonos el aliento,
desde lejos,
surcando encima de las nubes,
sin caernos,
quizá estemos alucinando,
no tendré más remedio,
salvo creer lo que no deseo.

Dormí lo que me tocaba,
cobrando precio por el miedo,
afuera, donde respirar es delito,
mis manos chocaron las
copas como autos sin conductor,
estrellándose en el parabrisas.

Nunca deseé sintonizar estas voces,
no son sueños,
no son oraciones,
sino afrentas directas de la medianoche,
consagrando sin luz mi cerebro, 
festejando la libertad...

me fui al amanecer y no volví.

En mi defensa,
pasé buenos momentos,
escritos en una carta,
donde mis palabras sustituyeron
el sonido, pero no la voz,
brinqué desde mi propia cabeza,
no esperando morir,
sino mantenerme sincero,
paseando por lo recuerdos,
cuando llovía sobre las calles,
con aroma y color,
porque mi defensa,
fue azotar fuerte
al caer,
mi defensa,
fue nunca tenerla.


lunes, 3 de agosto de 2020

RE-NACER


Brotaste de un destello,
bajo los parpados de la noche,
rodeada por estrellas,
parpadeando luz blanca,
y una canción callada.

Elevaste tus manos,
diminutas y rosadas,
encima del jardín negro,
de pastizales vidriosos,
y nebulas fluyendo
como agua de ríos.

La luna prometió
realizar tus sueños,
pero naciste sola,
portando sobre tus mejillas,
el velo blanco del silencio,
un destello dijo tu nombre,
susurro cálido de 
la sonrisa del sol.

Elevaste tus manos,
y una figura sostuvo 
tus anhelos,
solicitó tu perdón,
sus ojos se volvieron
una línea morada y azul,
colisionando sobre 
la corteza de un árbol...

Es la nebulosa,
un sueño de la creación,
eres mi fantasía.

Y pude renacer,
bajo un castigo
de carne y hueso,
jaula del espíritu,
una y otra vez,
emparejando el circulo,
donde la realidad se diluye,
y los días mueren lento...

Aquí en tus sueños
nada significa mi vida.

Naciste sola,
para este universo salvar,
tu alegría es calma, es triste,
naciste para saciar,
sed y furia,
brotando de las piedras,
cortando cabezas.

Mira en mis ojos,
tan negro agujero,
dejaste tu nombre
marcado en mi corazón,
ahora yaces en la palma
de mi mano.

No te confundas,
sólo me cansé de vivir,
confiaste tu nombre,
y guardé el secreto,
lo repetí para mi,
pero nadie escuchó...

Cambié tu luz
por mil suspiros.