viernes, 26 de febrero de 2021

UNA CURA

 

parte 2


Bebí del veneno,
permitiendo que un ruido
se apoderara de mi cabeza,
cobijando mis últimos sueños,
en falsedad, en el escenario 
amorfo de una retina,
sin color, sin vida,
no supe distinguir si se trataba
de la mía o una invención,
antesala del sufrimiento,
de un dolor infinito.

Atrapé mi figura,
distorsionada, una noche,
bajo las pestañas de la luna,
besando una feroz fantasía,
atrapé mis sentidos bajo la carne,
deseé encontrar una ruta de escape,
y descubrí,
un amor congelado,
mi figura distorsionada,
las palabras prohibidas golpeándose
unas con otras en mi cabeza,
y deseé estar tan muerto...

para mi nunca habría cura.

Respiré el veneno,
única opción, única esperanza,
aquí no hubo ritmo, no hubo baile,
salvo del calor en un cuerpo inerte,
y de su voz escapa el ruido,
aquel que abre mis parpados,
en la eternidad de los sueños,
repitiéndose como en una condena,
jalando mis pies,
llevándome a lo profundo,
muy lejos de la pulcritud del cielo,
convirtiéndome en amante de la tortura...

Siempre deseé lo sublime,
volando de noche como un vampiro
sonriendo desde la oscuridad
con los minutos contados,
el dolor es real,
una tonelada de dudas
llenándome las manos.

Bebí del veneno,
imaginándome despertar,
en una cama adornada con flores,
y un crucifijo por cabecera,
abrazando la nostalgia y hundirla 
en mi sueño más intenso,
gozar para siempre de las lágrimas,
reír a carcajadas en la penumbra,
encontrándole un rostro al eco,
respirando sobre sus dientes,
navajas que se bañaron con sangre,
y deseé una tumba de pétalos,
bajo una cortina de agua,
si fue acaso la lluvia,
fueron mis ojos,
lejos de mi
muy lejos
de mi.

Me asaltan las voces,
enredándose en mi cuerpo
materia que pesa y levita sobre
el vacío negro,
son las serpientes de luz
estas frases y rimas,
un remolino de ansiedades
de inspiración,
el sonido tórrido de un cantar
de flauta dentro del nido,
son las voces y el ruido
que se conciben en mi cabeza.
el veneno subversivo
de mi propia enfermedad.

Una vez más,
mirando de lejos,
este cuerpo que se pierde 
en lo recóndito del cielo,
y quiero lo abraces,
con unos momentos de ti,
antes de irse por completo,
antes de irme,
sin jamás encontrar una cura.



Ilustración: Un malabarista extraño por Odilon Redon

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