Si te ves,
con ambos ojos cerrados,
sin necesidad de un espejo,
si te ves,
levanta la mano
y salúdame a lo lejos.
Tienes miedo,
de lo que te has convertido,
marioneta del destino,
hilos de hueso,
labios que esbozan la sonrisa,
tuya, tenida con sangre,
tuya, cercana a mi corazón,
tienes miedo,
por lo que has perdido,
no tiene sentido,
si aun bebes de la fuente.
Vamos despacio,
con este dolor unido en el estómago,
si te ves,
todavía eres horrible,
cuanto más enaltezcas tus actos,
cuanto más desprecies tus sentimientos,
porque todo parece lo mismo,
obra de carne, nervios,
cierra los puños,
apaga tus ojos,
aprecia el silencio,
nada hay por decir,
estás en la oscuridad.
Sólo un nombre,
piezas y apellido,
un conjunto de nada,
ondas que se alejan sobre el agua,
un susurro que dice algo,
tiempo de sobra para enajenarse,
un mundo abierto,
cubierto por luz,
y temo, porque mis ojos
también están cerrados,
y caemos,
en la misma trampa
de siempre.
Somos tú,
yo y la soledad.
Ilustración: "Barba Azul" por Gustave Doré















