Abrí los ojos,
mirando de frente la nada,
un color blanco,
un sueño, una realidad,
el miedo, su sabor, la soledad,
impotencia por mil,
en mis manos,
la llegada de un irreductible destino.
¿Por qué se congelan mis huesos?
Carente de vida.
¿Qué es esto, dominando mis pensamientos?
Adiós, mi libre albedrío,
dueño de mis manos,
tan vacías,
llenas de vergüenza.
He roto la ventana,
con el filo de mi edad,
con estos deseos sin freno,
entreteniéndome solo,
imaginando un poco de destrucción,
la caricia tibia del fuego,
todo lo que necesito,
un momento de lastima,
lanzándome pedazo a pedazo
hacia un hueco en la noche.
Pensar es una jaula,
el cuerpo necesita liberación,
convertido en cegadora luz,
yendo por distinto camino,
justo antes de morir.
Y se repite,
este destino como las palabras,
única puerta que deviene en mil pasillos,
tenues y en claroscuro,
como caminar por calles solitarias
de madrugada,
quiero saber,
lo que antes hice,
donde estuve
y nunca jamás regresaré.
Fotografía: "Blurface" por Lasse Hoile

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