viernes, 23 de abril de 2021

CAYENDO POR LA ORILLA DEL MUNDO

 

El mundo en una ventana,
un mar que se extiende con la luz del día,
apresurando el paso hacia su filo,
será el de mis palabras,
empujando los deseos,
fuera de cada pensamiento.

Este mundo se va muriendo,
cansado de soportar,
una especie que luce perdida,
supurando toda su culpa,
sus acciones que culminan
siempre en locura.

Es la vida,
un conjunto de eslabones,
la cadena de oro que ata,
este deseo por desaparecer,
el sonido crudo cuando cae,
rabia que nunca termina.

Quiero soñar,
con los astros dormidos,
sobre un suelo que no lastime,
quiero soñar,
con un cielo que llamas destile,
quiero una muralla,
que proteja mi alma,
el mando de mi propio barco,
a la deriva en ningún lugar.

Este mundo cabe fuera de la ventana,
basta un brinco para hundirse en el agua,
rompiendo cada hueso,
liberándose de la prisión de carne,
anhelos, con velas izadas, 
cayendo por la orilla del mundo,
muerto en una carcajada.

Cada noche,
un ruido hunde su filo en mi pecho,
son los días,
devenir de frustraciones,
la vida es una,
contenida para siempre 
en este mundo de tierra y cristal.

Tantas cosas que jamás comprenderé,
es momento de abandonar estas manos,
despegar ambos pies,
en el centro del universo,
permitiendo que mis ojos se derritan,
suplicando la caricia de una estrella,
y es cuando las palabras
se vuelven silencio,
el sueño definitivo,
explotándome en la cara.

Como los edificios más altos,
como los planetas sin orbita, 
como la culpa sobre los hombros,
como la muralla en mi cabeza,
cayendo por la orilla del mundo,
hacia otra dimensión,
de lluvia ácida y tardes rojizas.

Aquí, la voz es una con las flores,   
una visión distinta,
que mezcla colores,
tras una piel fantasma,
plenitud más grande,
el murmullo que nadie habita.


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