Enciende tus luces,
todo lo veo gris,
como un borrador gigante,
que rompe las tizas,
dejando una lección
aun más grande que tu ego,
nunca sabes lo que tienes,
hasta que se pierde.
Vida, posesiones, el amor real,
innumerables momentos de vicio,
perpetuándose como el silencio,
cuál es el sentido de la libertad
perdiendo tu alma de vista.
Apaga tus ojos...
El sentimiento no tiene nombre,
sólo la expectativa de caer,
sin motivación,
sin pizca de fe o esperanza,
con estos sueños de juventud,
tan desvanecidos ahora,
con una hoja rota,
con cada dibujo borrado.
Vuelve a encender tus luces,
permíteme ver,
a quién rindes culto,
y sabré quién eres,
ahora te comportas distinto,
y sigues moviéndose,
transformándote para bien o mal,
piel cubierta de purpurina,
tu carácter distante,
tu economía triste.
¿Cuál es el escape ideal?
Si existe, es un deseo fatal.
Huir de la carne y hueso...
La vida parece ser justa,
con todo y balanza,
hiriéndote el corazón,
abandonado,
sin fuerzas.
Fama,
andando en tu barco,
sobre un surco de viento,
vamos hacia el norte,
ascendiendo en el universo.

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