No te sorprendas,
si no leo tan rápido,
tengo la mirada sumergida
en el pasado, en lo que fue
y no podrá ser nunca,
sintiéndose tan real,
verdadero y único.
Y mando todos mis pensamientos
a volar, lejos, al carajo,
arrojándolos desde lo alto de
un edificio de cristales negros,
y me pregunto,
por qué estoy viviendo,
para quién.
Es verdad, este mundo es muy grande,
tan sólido y perfecto,
una vista inmensa hacia la nada,
sosteniéndose con el temor,
bebiendo de la copa,
derramada con tristeza.
Y quiero regresar,
regresar a esos momentos,
cuando todo fue inocencia,
en mi vida,
mientras eran otros
los que morían.
Este corazón no permanecerá roto,
divagando y fumando la blancura
de las nubes en lo alto,
habrán nuevos secretos por descubrir,
regresando al sentido eterno
de la propia vida,
un lugar tibio y cómodo,
aquel que no viva dentro de la copa,
una copa llena con tristeza.

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