Cuando actúan como inocentes,
y sus ojos hurgan en la basura,
alimentan su hoguera,
hablando cuando nadie escucha.
Adoran la figura virginal con
rostro de piedra,
suplican y exaltan,
aun cuando ignoran la compasión,
sirviéndole besos y comida
directamente al sol,
la fuente de luz y llamas.
El atardecer ilumina sus cicatrices,
llenando el cariz en sus ojos,
un saludo rojizo,
vistiéndose con plata y seda,
comprometiendo alma y cuerpo.
Compartimos un crimen,
tocando el frío cristal de la noche,
la vida va y viene,
rápida, silenciosa,
olvidándose de nuestros nombres,
descarapelándonos la cara,
una vez que ha reclamado los restos.
Y sabes, tratan de evadir la realidad,
aun cuando los días no terminen,
y su juventud intacta resulte,
beben y comen de otros,
sudando el miedo a contemplarse
tal cual son,
pálidos y hedonistas.
Vivir en un sueño,
es bailar cada instante en superficie
de la luna, tan blanca y pura,
guardando tras sus parpados,
la piel que se decanta perdida.

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