Hice lo que consideré correcto,
una cosa a la vez,
buscando el amor verdadero,
encontrando resoplo y vasos huecos,
un aroma alcohólico sin control,
huesos quemándose a lo lejos...
Nunca supe lo que en verdad necesité,
antes de caer sobre mis rodillas,
en cualquier tarde fría,
ahora, el tiempo es una promesa,
imposible de cumplirse,
cubriendo el sol con sus labios.
Nunca imaginé la llegada de la medianoche,
antes, secaron completamente mis lágrimas,
el suelo es una verdad que se repite,
siempre fue verdad,
la misma caída una y otra vez.
Todo lo que quise fue amar sin restricción,
aunque jamás pude comprender,
cuánto dolor, ira y tortura conlleva,
son las fauces que matan la esperanza,
el río helado donde murió mi alegría.
Y todo lo que quiero,
es recordar lo cómodo de los días que se fueron,
el terso toque de la juventud en mi corazón,
lejos de este sufrimiento,
arrastrándose por toda mi piel,
como una serpiente que ataca con veneno,
su maldición de resentimiento,
y como si fuese una fotografía en blanco y negro,
la visión divina de un ángel de Dios
o el regreso de Cristo a la tierra,
recordar hasta perderme en el sueño,
no despertar jamás.
Ilustración: Gerrit Van Honthorst
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