Podría brincar de un instante a otro,
como en un sueño de pasillos grises
y colores apagados,
tan confuso y distanciado,
de cuál es la realidad
y qué significa ahora la verdad.
Todo se trató de un disparo,
el instante de mi tragedia,
tres días o lo que duren los recuerdos,
las palabras correctas para explicarte
todo lo que nunca pude.
La primera impresión es importante,
decidiendo si intervenimos o no,
acomodando lo que siempre se quiere decir,
oculto y esperando brotar de la sombra,
y mientras los minutos se queman igual,
los reyes y reinas terminan
degollados por el filo de una pluma.
Y me toca ensamblar todo,
las piezas en una noche en vela,
con ojos admiradores alrededor,
cual ilusión que se debate en la nada,
de arriba para abajo,
cuando los párpados sangran
sobre una llama sin nombre.
Ilustración: "La niña enferma" por Edvard Munch
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