¡Ven!
Deténte frente a mi,
de pie y listo para morir,
brazos adelante,
venas expuestas,
si el golpe ha de venir,
uno y nada más.
La única prueba de la libertad,
es nuestra capacidad de matar,
pisando a fondo el acelerador,
esta vida es velocidad,
pintándonos la cara con rojo infierno,
compasión, eres la mayor crueldad.
Si acaso tienes un precio,
no lo digas,
despeja tus pensamientos,
aquí ya no existe otra oportunidad,
si he de merecer ganancia alguna,
no lo pagaré,
mi boca está cerrada.
En cada callejón de la metrópoli,
olvidé coronar tu confianza,
un arma lista para disparar,
complices en este muladar,
desvergonzado descarrío,
y con el alcohol de nuestras gargantas,
quemamos el dinero que compra los lujos,
el oro, las joyas, el plástico de mil luces,
el dinero que puede resolver tu vida.
¡Silencio!
El mañana es una imposible promesa,
un trato sucio entre ladrones,
ahora que todo el daño está hecho,
volvimos un limbo el hogar de los valientes,
derribando sus paredes y techos,
adorando las calles desnudas,
la intemperie de los abismos,
la gran noche eterna.
Détente y finalmente dispara,
un tiro entre los ojos,
nadie escuchará tu grito,
el calor en boquilla del cañón,
tu poder sobrenatural,
el chorro de sangre,
completando su incansable fuga.

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