Si acaso hube olvidado todo,
agresiones y el poder de adivinar,
gritando por lo alto y bajo,
estos recuerdos de briosa juventud,
toda esa sublime ignorancia.
Y caigo en medio del mundo,
mudo como una hoja desprendida del árbol,
un peso muerto cual estrella fugaz,
cuando la noches es más oscura y fría.
Ahora los espíritus son uno,
el momento de evacuar,
la quintaesencia en cada palabra,
es todo o nada.
Por qué cada intento es inútil,
buscando una luz en la ceguera,
lágrimas verdes,
el fuego inunda el día,
y tan profundo es andar sin motivo,
bajo la furiosa lluvia ácida.
Cuando vivir es batallar,
cada sonrisa en rostro equivocado se derrite,
el mundo gira sin precaución,
de pie y frente al abismo,
cae las gotas tan cerca y queman,
todo mientras camino.
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