lunes, 21 de octubre de 2024

ASTERIÓN

 

Cuán pestilente resulta 
doblegarse al dogma de los mitos,
cuando despertar de la pesadilla es imposible,
un hogar que de las estrellas proviene,
entre pasillos de piedra,
en el centro de un corazón gris, 
perdido y sin moverse, 
cuando esta condena es,
la podredumbre de una realidad humana,
viviéndose sin medida.

Cada uno de los días, 
extraviados de la memoria están,
su belleza, un vuelco y parpadeo,
para siempre, tan sólo alito sin motivo,
cuando el drama violento de un hombre,
es su condena a morir,
sombra del ego encorpado,
ahora, de la boca surge un hilo,
es delgada sangre,
un halo torciendo su iris.

Qué fue de los instantes de libertad,
de los días eternos de juventud,
silvestre, fresca, vigorosa,
pura y sin temor a experimentar,
bajo la pesada roca del tiempo,
una centella que hierve 
en el centro de la tierra.

Asterión,
en cada luna de sangre,
manifiesto, tu corazón maltratado,
prometido al odio, al aire hueco que te 
llena las manos, acaricia tu pelaje,
y debes resistir,
tu castigo, en ojos de un ocaso carmesí,
ya no es tu esperanza,
sino la sombra infecta.

Adiós, con un eco que mueve cada ojo,
descubriendo la vorágine demencial,
el sol tan negro que inunda las nubes,
en tu pecho arde, descontento de
artificial política, cuando las
promesas de bondad resultan en nada,
acurrucadas en brazos de faltos poetas,
atrapadas en el bufido de las bestias,
ante la espada de aquellos 
que hunden su arista en cuello y espaldas.

Asterión, 
lentamente destazado,
en obra blanca de bárbaros sin nombre,
así levanta rojiza el alba,
marcada con los gritos,
de quien nada temío salvo 
por salvarse de tanta violencia,
este ahogo en el silencio
es un mar espeso de amarguras,
mientras nada sucede y el calor
es un descenso al infierno,
la verdad descubre
al ojo de las moscas.


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