martes, 29 de octubre de 2024

AYER EN LISBOA

 

Si el sol vuelve a ponerse,
sabré que tan vivo estoy,
de pie al umbral del olvido,
esas oportunidades inalcanzables 
que provee la juventud,
los mejores tiempos en la vida,
esos que dejé por siempre atrás,
ayer, una opaca tarde en Lisboa.

Andando con los ojos cerrados,
escuché el cantar de los pájaros,
la delicia de su lenguaje,
un cuervo fijó en mis sueños,
colosal ceniza entre nubes,
consagrado en la sombra,
allá, donde lo imposible sucumbe.

Cuando la noche se detuvo en las calles,
animales tomaron con sus gritos el aire,
como en un sueño sin reparo,
intentando por cada medio escapar,
este ahogo es uno,
mil colores que remiten siempre al ocaso,
la posibilidad agotada,
para sanar el pecado de los muertos,
ayer, fue jueves en el mundo,
hoy, lo es en Lisboa.

Ahora, es la garza quien erige vuelo,
contra toda tempestad en el cielo,
su aleteo, es monstruoso eco,
ceniza que surca las ondas,
en la voz, en la nostalgia que tanto hiere,
cuán caritativo es el Señor,
primer ay última evidencia de auténtico amor.

Es la vida, inmortal promesa,
fuego de un fénix que a la noche jamás teme,
es hoy, cuando el viento es terno,
y los campos tan floridos,
amanece pronto con luz brumosa,
aún cuando el mundo parece tan grande,
habrá un sitio en el cual esperar,
con los ojos puestos en el cielo,
pero no es hoy cuando el milagro sucede,
sino ayer, ayer en Lisboa.



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