jueves, 24 de octubre de 2024

MURMULLO DE FANTASMAS

 

Luna alta,
observas todo a mitad de la noche,
el arropo de tu aliento,
empaña el delgado cristal de mi corazón,
y golpea duro hasta romperlo,
cuando apenas, 
en un murmullo,
me apartas muy lejos,
lejos de cálida inocencia,
lejos de un cielo canela.

Habitar el mundo con las manos vacías,
equivale a ahogarte
en un río de sangre escapándose
de las venas, 
e imaginarte,
cubriendo en tu silencio mis miedos,
me es tan insoportable,
como el zumbido de fétidas
moscas revoloteando en el aire.

No hay consuelo para este congojo,
un juego de mesa a elegir,
solapas de cartón, 
peones de madera,
un juego a destino
contra el tercer ojo,
contra la refulgente estrella,
vergüenza marcada en el rostro
de esta tierra sin alma,
moviéndose inerte alrededor del sol.

Giran los dados en color azul y rojo,
tiritando en la palma de cada mano,
pálidas como un rostro en el espejo,
invocando lo que no pueden entender,
nombrando las capas del ego,
lágrimas encendidas con gritos,
ahora, es más roja la sangre,
más hirientes las voces,
cuando el acto de amor es misericordia
o la peor vejación cometida.

Y sucede en un murmullo de fantasmas,
donde las paredes fingen soñar,
en la corazonada ríspida,
de un aliento desconocido en la cara,
yéndose con alas transparentes,
tras el reflejo de esta luna,
brillante y rota,
dejando nada por perdonar, 
cuando nada existe en realidad.

Tras cada muro, 
el murmullo de fantasmas,
saluda muy hondo en la oscuridad,
este miedo es perpetua burla,
creciendo bajo un cuerpo de piedra,
desazón que recita esta 
pasión por lo imposible,
en la mirada perdida de la luna.



Ilustración: "Detalle de El Cuervo de Edgar Alan Poe" por Gustave Doré

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