Cuál es el valor de esta vida,
en presencia del coloso que todo devora,
con lágrimas que resbalan calientes,
cuál el sentido de añorar la belleza,
por soñar con el comienzo de todo,
hoy, es el día del jucio,
es la caída sin final.
Qué hemos hecho,
tras ser arrebatados del útero
a mitad de la peor la tormenta,
sino perjudicr a quien nos consuela
con su tibio abrazo,
el humo en nuestra boca es veneno,
a salud de los amos de la guerra.
Y se aproxima lento,
el destello cegador,
sumergiéndonos en sus aguas de sol,
la visión insoportable de pasto derretido,
huesos de los que extraemos inagotable calor,
ramos con pétalos de arrugas negras,
bajo un pasmoso cielo,
el horizonte cercado por la onda.
Te suplico, antes de continuar,
enseñame andar con los párpados en llamas,
siguiendo la acción de la sombra,
el concreto es frío, es sereno,
te llamo a ti,
madre de lluvia,
porqué ha de ser, tu tortura,
porqué en tus manos la sangre
de los que nada temieron,
incluso antes de despertar
en un grito.
Guíame en esta carrera por sobrevivir,
apenas y una sonrisa dibujada,
cuando pase el humo,
encontraremos perlas quemadas,
en este reino de mentiras blancas,
mientras el cielo arde rojo,
y nos devora este destino.

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