Sale el sol,
mil horas van a quemarse,
en papel quiero dejar esta voluntad,
el sabor amargo en cada suspiro.
Es momento,
despertar es otra persecusión,
la misma historia revolcada,
algo en el horizonte,
sin vida, sin alegría.
Qué nombre recibe la ceguera,
después de llorar toda la noche,
cayendo en la espiral de ayer,
nada vino con los años,
salvo una traición que continua doliendo.
Esta densa oscuridad,
golpea de nuevo el suelo,
tras caminar infinitas horas,
queda anclada y sangrando
la misma indignación,
confusa, como el odio que mira
fijamente el espejo.
Y resulta otra noche caliente,
en manos de un destino cerrado,
aburrimiento o pasión,
pasa el tiempo,
y este gozo cae en manos
manchadas con rojo,
dejando un sabor en los labios,
para siempre,
siempre
amargo.
Ilustración: "The lunatic of Eretat" por Hugues Merle

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