Hay un agujero en la tierra,
en la punta de mis ojos,
de aquí nadie sale vivo,
nauseabundo paraíso,
tres o cinco veces más.
Esperado tanto por conocer,
el sentido explícito de la vida,
resplandeciente unos días,
tan parca en otros,
un lugar para descansar,
la mente, el cuerpo,
ese corazón.
Está quemándose muy lento,
tanto que ya no duele,
arde más en los ojos,
en el centro de la lengua,
carbón y llamaradas,
fantasías que nacen en la oscuridad,
y las advertencias son claras,
bajo el rayo de un sol ciego.
Caminar es gratis,
acompaña el silencio,
en las voces extrañas y familiares,
de aquí a la eternidad,
caminar por el camino terroso,
atravesando las rejas con estas manos,
peligro, manténgase alejado,
es despertar un nuevo día,
en el fondo del agujero en la tierra.

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